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Entradas

Nuestra compleja moralidad

Comprendo que me meto en un charco y no llevo botas de agua. Sé que solo citar la palabra moralidad se abre el apetito de la curiosidad; salta el sensor amarillo. No puede haber, creo, expresión más determinante para enjuiciar actitudes y conductas humanas, respecto del individuo y de su especie. La moralidad es una manifestación, un juicio de valor referido a una conducta. Es derivación de la palabra moral, que viene a resumir al conjunto de costumbres de una sociedad y, específicamente, en una época y lugar determinados. Es la opinión aceptada en ese ámbito respecto del bien o mal hacer de las personas. Por tanto, pueden darse moralidades buenas y malas y hasta amoralidades. De tal forma que se puede hablar de un acto moral, inmoral o amoral. E incluso los mismos hechos o conductas en situaciones análogas, pueden considerarse antagónicos en función de la cultura, doctrina o entronque social y local de que se trate. Si nos centramos en nuestro entorno antropológico, en la moralidad ...

La particular cultura del esfuerzo

A juicio de algunos hay personas que llegan al mundo guiados por una estrella que le agraciará la vida, mientras a otros nacidos les acompaña la penitencia del pecado original. Piensan que el juego de la fortuna y del infortunio han de estar presentes desde el principio de la vida. Cada cual y según su circunstancia viene obligado, una vez alcanzada la razón y más aún ya sujeto de sus propios actos, a gestionar esa suerte natural que, por sí sola, no funciona. Y aquí entra la razón de mi título. Hay quienes lo consideramos imprescindible. Otros entienden que no es tan influyente en el trayecto y los menos lo desprecian. Para el resto -la mayoría- ni lo estiman ni se lo plantean. Lo paradójico del esfuerzo es ese valor fuerte que   buena parte de la sociedad atribuye como mérito, que así es, de otros, de los demás y, en cambio, no lo practican para sí. En contra, los mismos, abominan de los afortunados. Tengo una alta consideración por quién se esfuerza y me parece encomiable la in...

Violencia de y para qué

En las últimas semanas hemos asistido a demostraciones de violencia callejera en importantes ciudades españolas a semejanza de similares actuaciones en otras urbes internacionales y se temen nuevos actos vandálicos semejantes en fechas venideras. Normalmente tiendo a ser positivo en mis reflexiones y quisiera también esta vez concluir con expresiones de esa esperanza. Me intranquiliza estar convencido de que, de nuevo, los humanos volveremos -nos mantendremos- en esa iteración nuestra de sernos irremediablemente violentos de vez en cuando. La violencia en el reino animal en general es una agresión mediante la fuerza. En los irracionales obedece a un instinto natural recurrente por la necesidad de alimentarse, reproducirse o imponerse a la manada. Hasta ahí, salvo episodios y circunstancias propias de escasas especies, la riña o castigo sufrido se entienden. Entre nosotros, seres conscientes, la violencia no solo es fuerza física y, por ende, produce daño corporal, sino también psicológ...

De disculpas y perdones

Cuando alguien comete una falta, incurre en un error o causa un leve estropicio y tales actos, honestamente, son involuntarios, no suele ser juzgado de modo peyorativo y hasta la víctima puede ser condescendiente con quien vulneró o precipitó la precaución debida.   Resulta absolutamente normal que la persona que ha recibido la molestia o menoscabo de algo, se sienta mal y reaccione según su criterio dañado. También influirá la circunstancia y momento de   su ánimo. Y el lastimero causante reaccionará como mejor sepa. Alguna vez ocurre que el afectado por la impertinencia del asunto se torna airado, o que quién le provocó el malestar no se estime pesaroso y hasta le responda con acritud. ¿A qué mortal no le han pisado en el autobús y, de principio, no se le ha fruncido el ceño? En estas ocasiones parece muy indicado pedir disculpas y ser aceptadas, asumiéndose por ambos la fatalidad de un indeseable tropiezo. Lo contrario, que también puede darse, supondría un disgusto mal ad...

Agradecer, una empatía de ida y vuelta

Camino con frecuencia, casi a diario, salvo inclemencias o achaques esporádicos. Practico así un ejercicio físico saludable y necesario que me compensa y evita la aburrida gimnasia activa. De paso, me entretengo cavilando con mi pensamiento y hasta ideo lo que puedo decir en el blog. Precisamente caminando durante uno de mis paseos urbanos, alguien me espetó un ¿ qué hora es? Fue a una cierta distancia, ni siquiera se acercó. Me ‘desconecté’ y le miré, dudé 2 segundos si le respondía, pero decidí hacerlo informándole tras consultar el reloj. Y se fue, sin más. La secuencia no me resultaba nueva. En poco tiempo me han consultado cosas por la calle varias veces, quizás por casualidad. Me parece bien normalmente y respondo lo que se con satisfacción.   Unas veces se trata de saber la hora o de una dirección urbana, otras de un lugar singular o sobre una curiosidad a la vista. Y cierto es que respondo también, para negar lo solicitado, a otro tipo de peticiones que ‘circulan’ cada día ...

¿Soledad ……?

Hace unos pocos años asistí a un curso trimestral breve pero intensivo sobre Psicología Positiva en GAUDIR (Universidad de Barcelona) donde aprendí que   hay hasta cinco tipos de Soledad: Existencial, Emocional, Positiva, Transitoria y Crónica. Pero no se asuste querido lector, no voy a trasladarle mis apuntes ni mi limitado recuerdo científico aprendido. Voy a referirme a la “Carencia voluntaria   o involuntaria de compañía”  (DRAE) y dejar para los curiosos intelectuales consulten fuentes de su gusto para conocer e indagar lo mucho que puede darles el tema elegido para mi reflexión de hoy. Lo escojo porque el lunes de esta semana respondí a una inteligente encuesta ofrecida por 65YMAS.COM , -por cierto, dónde me honran publicando alguno de mis escritos- y ahí estaba Soledad , entre las respuestas sugeridas como opinables en su propuesta de conocer las inquietudes de los lectores de mayor edad. ¡Ah! y le invito a responderla. Ya venía pensando hacerlo de tiempo atrás por...

Paliativos; dignidad de vivir y morir

Hará un año aproximadamente que acudí curioso al debate en una Mesa de Expertos convocada por la Universidad de Barcelona que reunía Representantes de Áreas y Disciplinas, públicas y privadas, relacionadas con la presentación en el Congreso de los Diputados de una “Proposición de Ley Orgánica de regulación de la Eutanasia”. La convocatoria, tuvo éxito y hubo lleno rebosante del gran salón habilitado. Cada interviniente expuso su punto de vista a favor o no de tal legalización, apoyados en sus consideraciones políticas, sociales, filosóficas, jurídicas y críticas casuísticas. Deduje que iba a ser muy difícil conciliar, poner en común, los pros y contras debatidos   y confieso que salí confuso por lo escuchado. Creo fuera de toda duda que el derecho a la vida es una condición natural indiscutible de la propia existencia humana. Y si la muerte es una parte final de la vida, parece razonable que toda la protección que aquél recibe de los Ordenamientos Jurídicos que la defienden, se ocu...

Ser consciente de tener conciencia

Presumiendo que puedo meterme en un indeseado lío si pretendiese filosofar sobre principios de la razón tan importantes como consciencia y conciencia , yo me explico y usted, querido lector, haga su personal juicio respecto de su diferencia, de sentirla así, o de la apariencia entrambas; que no de su indiferencia.   Si no desea acudir en este momento a consultar el DRAE -que le aconsejo haga siquiera en otra ocasión- diré que no hay mejor lugar para comprender prontamente el alcance de estas palabras que en la obra magna de la docta Institución Académica. No obstante, para mi modo de ver, basta con saber que llamamos consciencia a la facultad que nos permite saber quienes somos, o sea conocernos a nosotros mismos. Se trata sencillamente de sentirnos racionales, esa fundamental condición maravillosa, que nos diferencia de los demás seres. Y tener conciencia no es otra cosa que gestionar la consciencia , aplicar el raciocinio a las decisiones que nos corresponde adoptar en el desa...

Baja el valor de la Confianza

Querido lector, deseo tenga un feliz domingo de lectura. Andan los consumidores bastante confusos a la hora de seleccionar aquello que más les puede convenir. Sobre todo cuando no tienen por objeto renovar, volver a adquirir, algo que ya conocen y valoran positivamente. El dilema aparece cuando se desea obtener un fin u objeto nuevos y no se intuye la calidad de su resultado. Entonces entra en juego la cuestión -duda- de la confianza . La confianza es una palabra golosa, recurrente, útil. También única para definir tal condición de las personas y para definirse uno mismo. Lo es esencial para calificar lo esperado de los actos personales y del buen fin de las cosas; o sea,   han de ser dignos de confianza.   Pues bien, el motivo de escribir sobre la confianza no es otro que estoy comprobando la acelerada pérdida de valor social de esta palabra. Tengo claro que su cotización está en declive, que desconfiamos cada vez más, que con frecuencia tememos poder ser engañados y duda...