Me gusta la palabra permanente y me basta para titular mi reflexión de hoy. Se trata, este vocablo, de una manifestación contundente sobre algo de relevante significado y calado social. Permanecer es estar, seguir ahí, haber llegado y no pensar en cambiar, en acabar. Es como conseguir esa deseada meta y conservarla, apropiándotela, disfrutarla sin que se diluya tu éxito. O es sentir y disponer de aquello que estimas inmejorable para ti. Es también un sentimiento. Lo permanente define que algo lo adjetivamos como duradero y esto le asigna calidad, consistencia, valor y mucha satisfacción personal propia. De alta categoría. Hemos oído algunas veces, muchas en otro tiempo, tal objeto, este empleo, esa experiencia, aquella vivencia son “para toda la vida”, o “es para siempre”. No cambiará mi existencia, no podrá superarse. Podemos estimar que tenemos algo insustituible o, cuanto menos, no vislumbrar pueda suplirse o llegue a desaparecer sin nuestro deseo, porque creemos...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.