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Permanente



Me gusta la palabra permanente y me basta para titular mi reflexión de hoy. Se trata, este vocablo, de una manifestación contundente sobre algo de relevante significado y calado social. 



Permanecer es estar, seguir ahí, haber llegado y no pensar en cambiar, en acabar. Es como conseguir esa deseada meta y conservarla, apropiándotela, disfrutarla sin que se diluya tu éxito. O es sentir y disponer de aquello que estimas inmejorable para ti.


Es también un sentimiento. Lo permanente define que algo lo adjetivamos como duradero y esto le asigna calidad, consistencia, valor y mucha satisfacción personal propia. De alta categoría. 


Hemos oído algunas veces, muchas en otro tiempo, tal objeto, este empleo, esa experiencia, aquella vivencia son “para toda la vida”,  o “es para siempre”. No cambiará mi existencia, no podrá superarse.



Podemos estimar que tenemos algo insustituible o, cuanto menos, no vislumbrar pueda suplirse o llegue a desaparecer sin nuestro deseo, porque creemos que es lo mejor en su condición. Es lo que estábamos esperando, lo que queríamos.


Lo permanente no tiene que ser necesariamente perpetuo. Personas, animales, los seres en general, no existirán siempre, pues habrán de culminar su existencia natural en algún momento. Sus hechos y resultados sí que pueden convertirse en permanentes. A veces, apostillando su muestra: “A perpetuidad”


Y todo lo que consideramos permanente no necesariamente pervivirá después de nosotros o de otra voluntad que en el futuro pueda revertir su condición de permanencia. Porque tal asignación de categoría ha sido temporal, aunque a esto no se le ponga fin.


Tampoco los edificios, las máquinas y los avances científicos en todas las áreas del saber, como tales obras, disponen de una garantía sine die de existencia. El desgaste, su obsolescencia, los accidentes y la naturaleza, podrán limitarla, pues su presumible aparición no contamina su carácter de permanencia, otorgado en su momento por habérseles apreciado el valor de esa excelencia. 


Algunas circunstancias y decisiones humanas deben calificarse reglamentariamente como permanentes, porque son dotadas de esa condición de persistir, “sin limitación de tiempo” como define nuestra RAE. Comisiones de trabajo, Pensiones de invalidez, Condenas a prisión, que pueden incluir tasadas limitaciones.



Las cosas de interés general y que conforman toda cultura, con razón indudable de merecer ser conservadas indefinidamente,  han de tener un lugar asegurado en los Museos, públicos y privados, verdaderos templos de lo permanente, dando muestra que lo que somos siempre vendrá de lo que hemos sido.


Porque la evolución cultural de la especie humana, el fruto de nuestro intelecto y los hechos que vienen completando nuestro quehacer permanente serán nuestro terrenal legado.




En estos tiempos lo efímero, perecedero, fugaz y hasta huidizo resta interés a las otrora ventajas de lo duradero. Ahora tenemos prisa por experimentar nuevos gustos. Se ha vuelto ¿necesario? cambiar a lo nuevo. Cabría plantearse en alguna ocasión si cabalmente es preferible hacerlo.


Hoy hemos de consumir lo que sea ya y hasta se programa  el vencimiento de su utilidad a las cosas. En este tiempo, que algo “dure toda la vida”, o que el “ya no se hacen cosas tan buenas como antes” suena incómodo y trasnochado. En cambio, sacrificamos bienestar natural y compramos cara la modernidad.


Digo yo ¿y si al empezar diciendo que me gusta la palabra permanente (la) no será, además y especialmente, porque me encanta ese tipo de peinado/despeinado con rizos? Para mi, que le sienta bien a todo el mundo, mujeres y hombres, mayores y jóvenes, natural o artificial, por ser cómodo  vistoso y duradero……  ¡Brindo por ello!




Comentarios

  1. Espero sea permanente los interesantes artículos que nos dejan leer tu rincón de expresión,felicidades un dia más

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  2. Me gusta llegar a Calatorao y que las magdalenas sigan siendo las que eran hace 35 años. Eso es permanencia.
    Me gusta ir al barrio de mis padres, y que la pastelería siga siendo 'la de toda la vida.
    Me gusta llegar 'a casa y que sigan permanentes todas aquellas cosas que reconozco... porque mis papis son lo más (y mejor) permanente que conozco. Y no lo cambio.
    'La permanente' nunca pasa de moda, siempre vuelve.¿Porqué? Pues porque lo que gusta, lo que cambia, lo que te hace recordar y volver a algún momento que te hizo feliz, siempre es bienvenido.
    A mi me gusta tanto lo novedoso como lo permanente; nada me sobra porque si no lo tengo, me falta.

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  3. Pocas cosas, actos o sensaciones son permanentes en nuestras vidas. Ni las materiales que observamos, en algunos casos, cómo nos acompañan a lo largo de nuestra existencia, pero que en su mayoría van sucumbiendo al paso de los años al ser substituidas por otras de nuevo estilo, o simplemente desaparecen; ni las de tipo personal, ligadas al carácter o sentimiento de cada individuo, que perdurarán en su interior hasta la muerte, o bien, si se han realizado en beneficio o disfrute de terceros, hasta que su recuerdo se borre a través del tiempo y desaparezcan.
    Para cada individuo, el plazo máximo de permanencia, está en el límite de su vida.

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