En el lenguaje particular de nuestras interacciones personales, usamos regular y reiteradamente un común de palabras que entran, se quedan, y salen dando espacio a otras luego, para dar forma a nuestras sensaciones y opiniones, o a la narrativa de algo, personalizando nuestra manera de hablar. Recientemente, escuchando a un ilustrado conferenciante, sentí una cierta emoción oyendo la palabra apego . Hacía tanto tiempo que no la oía, ni leía, que me parecía despertar de una ensoñación. Pensé, ha vuelto y la recupero. Me remontaba a tiernos años infantiles, a mi madre, y no solo por ese vínculo o sentimiento de seguridad maternal que supone el apego, sino por el uso calificativo con que solía utilizarlo. Recuerdo que a alguien alejado del cariño familiar le decía “desapegado”. He buscado actualizarme sobre el apego y estoy sorprendido de lo mucho que se escribe y publica entre los profesionales de la psicología. He oído algunos podcast, incluso. Pero la mayoría hablan sobre todo de...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.