Solidaridad, esa unidad lingüística con la que se nos llena la boca cuando la usamos como sustantivo, común o propio, o es transfigurada al modo gramatical que le corresponda, tiende a ser socorrido término de muchos propósitos y bienquereres varios. Resulta no serle extraña a la política, cómoda al sindicalismo, caritativa a la religión, ampulosa al periodismo, magna al derecho Natural y firme al de Obligaciones, popular al mundo trabajador y de denominación geográfica, y hasta espacial. Podría decirse que este lustroso vocablo es conocido y pronunciado masivamente a diario en todo el mundo. Es, por demás, inteligible en variedad de países y muchos idiomas. Se trata, a buen seguro, de la manera de interpretar más favorablemente el entendimiento entre los pueblos. Puede resultar pretencioso dedicar unos párrafos a tan importante palabra. También podrá procurarse algunas cosquillas a bienintencionados sociólogos que los lean. Pero no, no es mi propósito desarrollar la materia, ni por as...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.