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A la bulla, moderación

Quien se asoma hoy a la vida pública con el deseo limpio de sumar y construir suele retirarse a menudo con una extraña sensación de desasosiego. Es el peso de la bulla. Un barullo que no solo aturde el oído, sino que empaña la ética y fractura los puentes de la convivencia.  Este ruido constante convierte el espacio común en un escenario incómodo. Nos topamos a menudo con la obstrucción sistemática, fraudes que desgastan la confianza y algunas agresiones cotidianas que minan la armonía.  Sentir hastío ante este panorama, o incluso un íntimo rechazo, no es un síntoma de debilidad ni de desinterés. Al contrario, es la reacción natural de una conciencia sana. Es la mente que se niega a aceptar la crispación y el desorden como el estado normal de nuestras vidas.  Esa contradicción entre el deseo de progreso y la realidad del tumulto es un viejo dilema humano. No somos los primeros en experimentar este cansancio moral ante las inconsecuencias del grupo.  En el ecuador de...
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Regresar al buen humor

He dudado si titulaba este artículo tal está o si usaba el gerundio de regresar y he decidido despedirme, al final de mis reflexiones, con un regresando . Porque ese será el objeto de esta mi pretensión. En varias consultas de opinión, he leído que el buen humor puede entenderse de muchas maneras y todas ellas siempre como una motivación positiva. Generalmente coinciden en que, ese estado de ánimo, produce sensaciones de placer y satisfacción   También se justifican cosas del mal humor, pero esas no me interesan tanto hoy. Sencillamente, porque tenerlo, aún siquiera por un momento, no digamos de tenerlo siempre, es algo negativo por insalvable. La propia RAE hasta permite sustantivarlo como malhumor. Para la psicología básica, el buen humor se considera una herramienta clave para regular las emociones y mantener el bienestar mental.   Está bien describirlo así, pero se me queda algo corto. Porque entiendo que, además de sentirse bien, el estado emocional de buen humor, tendr...

El dolor, la malquerencia más humana

Por un proceso degenerativo silente y largo, el dolor se ha instalado en mi vida. Seguramente ha entrado, además de sin llamar, cansado de esperar. Y sin enterarme que llegaría a tener, ademas, una importante lesión como sumatorio de algunas incidencias óseas padecidas y artrosis originada en tanto tiempo de existencia. Por eso vengo a escribir aquí sobre el dolor. Esa sensación dañina que asalta la normalidad corporal natural de los seres humanos en general, por ser común a cualquiera que sea el  lance de salud acaecido.   Y aclaro ya que no desmerezco el sentimiento de dolor que puedan tener los demás seres vivientes. Pues, aún sin poder manifestarse, muchos dan prueba de su malestar, si lo sufren. También digo que es corporal en cuanto que su manifestación se produce en tanto sea física o emocional, es decir, notar una molestia o sufrir una aflicción, pues así se le reconoce cuando el padecimiento lo es por pena o congoja. Los tipos de dolores obviamente siempre son molesto...

El punto de vista de cada cual.

Estoy instalado en un proyecto personal de objetividad, que me suponga asimilar planteamientos y conclusiones sobre los resultados de un principio subjetivo mayor que dicen llamarse “el punto de vista de cada cual”. Porque no me conformo con las manida excusa de casi todos que, al opinar distinto de lo que manifiestan otros, sobre los mismos considerandos, normalmente actos, valores, opiniones y conductas personales, concluyen el diálogo con un “todo resulta ser según el color del cristal con que se mira”. Los diferentes puntos de vista, que resulta cabal reconocer en las percepciones de todos los individuos y sus grupos sociales, respecto de acontecimientos ya reales, o sus expectativas, y sus posibles conclusiones sobre deseos y esperanzas por cumplirse, son un producto natural de la capacidad que tenemos los humanos en el cerebro, que actúa de filtro selectivo individual para, mezclando sensaciones e historia archivada, así se determinen.   Hacía mucho tiempo que yo no había oíd...

Templanza colectiva

Observo la calle y el incesante desarrollo de sus gentes: quienes caminan deprisa, quienes descansan en un banco, quienes suben y bajan de los vehículos, quienes los conducen, quienes entran y salen de viviendas, oficinas o comercios. Y, casi sin querer, me siento por momentos ajeno a ese movimiento continuo. Perdido entre multitud de desconocidos.  Me detengo entonces a pensar en motivaciones y sensaciones que quizá compartimos todos y que, sin embargo, terminan diferenciándonos.  Estoy en una gran ciudad cuya población ha crecido de manera exponencial en apenas unos años, hasta el punto de parecer estrecha para sí misma.  El espacio peatonal y rodado de sus calles, naturalmente limitado y urbanizado conforme a unas dimensiones ya inamovibles, debe absorber hoy movimientos humanos intensos y constantes. Eso obliga a modificar diseños urbanos, reorganizar espacios y buscar soluciones cada vez más complejas para racionalizar la convivencia cotidiana.  La masificación ...

Cuando dudar se vuelve costumbre

Hoy parece casi inevitable dudar. No tanto como ejercicio intelectual, sino como reacción espontánea. Escuchamos una noticia, una afirmación o una promesa, y algo en nosotros se activa: una distancia, una reserva, una sospecha. La Real Academia Española define el escepticismo como desconfianza o duda de la verdad. Pero, en la práctica cotidiana, esa duda va más allá de una definición . Se ha convertido en una actitud extendida, casi en una forma de protección. No es difícil entender porqué. Sabemos que la información puede ser incompleta, interesada o incluso engañosa. Percibimos incoherencias, intuimos segundas intenciones, y eso nos lleva a no aceptar nada sin cierto filtro previo. En ese sentido, el escepticismo puede verse como una razonable prudencia: una manera de no entregarse sin más a lo que se nos presenta. Sin embargo, esa misma prudencia plantea preguntas que no siempre son fáciles de responder. ¿Dónde termina el cuidado y empieza la desconfianza? ¿En qué momento la duda d...