Rebélese contra lo injusto, lo incumplido, aquello por lo que apostó convencido en su garantía; la esperada del buen hacedor, de quien debía responder de lo prometido, del que aseguró no tener problema para su resolución, de quien le cobró por anticipado, o quien le impone precios, tasas, impuestos, costes no conocidos por adelantado.
Seguramente no podrá hacer todo lo que quisiera, que considere que el de enfrente le ningunea, le sustrae ideas, beneficios, y subvenciones, y que obtiene premios y oculta deberes de cumplimiento social, de los que no entienden de colaboración ciudadana y hasta se ríen de los ingenuos -dice de ellos- porque cumplen con su deber.
Probablemente no le comprendan cuando se queje de todo eso. O le digan que de nada le servirá si hace esa hoja de reclamación, o que a ese funcionario, empleado, operario, que debía hacer bien su encargo, por el que cobra y ocupa un puesto de trabajo, sea subalterno, obrero o supervisor y mando, no le afectará. Si está seguro que lo que cuenta le ha pasado, hágalo, si no lo está o no lo quiere hacer, no se queje, súfralo solo y ahórrese su “falsa” crítica.
Pero si está convencido de haber sido dañado en algo, desde su confianza en algo, alguien, o en lo que le supone un desprecio, pelee por su desagravio. Si es algo individual, merecerá expiación. Si se trata de algo colectivo, busque apoyos, promueva la solidaridad y mójese dando la cara frente a los corruptos, contra los vividores a costa del resto, manifiéstese públicamente.
No recurra a la fuerza, ni acose a quien le increpe, no forcejee contra un muro, no lo pinte con insultos, escriba digna y contundentemente en registros, buzones de sugerencia o de quejas. Diríjase a las autoridades, los partidos políticos, los medios de comunicación; luche por lo suyo y haga piña con lo de todos que, como Ud., tienen derecho a ser escuchados. Y cambie de lo que sea, marca, trabajo, parroquia, sindicato, partido.
No diga que no servirá, muestre verdadera voluntad de querer se arregle el modo de vida general, el que con un sentido común deseable nos corresponde a todos. Eso sí, recuerde que no está solo, que es parte de muchos, que todos debemos merecer aquello por lo que nos hemos comprometido a tener una vida digna y en libertad.
Tradicionalmente, la resignación se ha expresado para ofrecer condolencias, con el deseo que la persona doliente reciba una muestra de comprensión y empatía especiales, para ese trance desfavorable. No es sinónimo de renuncia, quien se resigna y lo sufre sin poder reaccionar, por resultar imposible restaurar el quebranto de que se trate.
La resignación, es una actitud negativa, cuando sería posible convertir la sensación del momento de la frustración, en un propósito y acción de aceptación, posición opuesta en la que el afectado y víctima del acontecimiento negativo, decide actuar en búsqueda de una solución sustitutiva, cuando existe esa posibilidad.
Por tanto, un contratiempo no fatídico, por doloroso que pueda resultar, debe reconducirse hacia caminos posibles de relevo del bien trasgredido. Lo contrario es abandonarse, hacer dejación voluntaria y conformarse sin pelear por un resarcimiento dignificante. Incluso si el esfuerzo resultase baldío, cabría decir que la fortaleza del intento justificaría buscar la reparación en una conformidad no invalidante, aquella que ofrezca un mínimo de dignidad.

Buenas noches joaquin,
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tus escrito y verdaderamente a veces no somos valientes para tomar decisiones difíciles.
Un abrazo.
Gracias por tu escrito
ResponderEliminarTIENES TODA LA RAZON
Paco
Es difícil contestar con efectividad a tus razonamientos. Por qué? Es una situación complicada, la que estamos viviendo. Por supuesto que no es de recibo los errores cometidos por el Gobierno ni. Por el poder Judicial con la resolución dictada contra el ministro. Si lleva al poder a la derecha apoyada por la extrema, los más afectados serán la case trabajadora y el sector de la enseñanza, de la sanidad pública. Es para recapacitar mucho antes de irse al hoyo todas las leyes que tanto costaron conseguirse.
EliminarHola Joaquín, gracias por la segunda parte de tu escrito.
ResponderEliminarTienes toda la razón. En la mayoría de ocasiones que se vulneran nuestros derechos, no ejercemos el don de la réplica, sea por desidia o por considerar que caerán en saco roto nuestros argumentos.
Pese a ello, también incido como argumento principal, la situación actual de nuestra sociedad en cuanto el grado de veracidad, honradez, transparencia, justicia, etc., en que ha degenerado los vínculos que unen la élites gobernantes con sus ciudadanos.
La imposibilidad de discernir con suficiente criterio, cual de los polos es peor que su oponente, hacen inviable poder elegir una opción que sea acorde con los planteamientos internos de cada ciudadano. Ni tirios ni troyanos: sensatez, inteligencia, honradez, es lo que creo necesitamos en los que nos gobiernan a todos los niveles del mundo.
De todas maneras, tienes razón, hemos de seguir luchando dentro de nuestras posibilidades.
Un abrazo.
Muy bien!
ResponderEliminarTuve un percance el sábado... un pinchazo. Me lo arreglaron... o eso creía. Al final no fue así. Y pudo acabar muy mal. Finalizó bien, por fortuna (y por cabeza). Pero no me resigno a creer que, evidentemente, puede haber fallos humanos y profesionales, pero eso no exime de reconocerlos y asumirlos una vez se conocen. No me resigno a pensar que profesionalmente y humanamente no tenemos nivel como para hacernos responsables. No me resigno a que el tema quede 'olvidado' porque alguien debe contestar, emocional, profesional o humanamente, pero debe haber una respuesta. Si me resigno, se acaba todo. Si no lo hago, hay camino todavia por andar, pero hay una posible respuesta al final.
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