Querido lector: vuelvo, o quizás sigo, con mi convicción en los valores y su decidida influencia positiva en las conductas sociales. En esta ocasión quiero ocuparme del deber . Vivimos en una época -ya lo he comentado en algún artículo anterior- donde los derechos, su mención y el deseo de su ejercicio, están presentes en variedad y frecuencia de situaciones interpersonales contrapuestas. Resulta bastante corriente que los considerados derechos sean la expresión de autodefensa frente al rechazo del cumplimiento de obligaciones , personales o comunitarias. A veces, hasta quieren oponerse a compromisos contractuales adquiridos que, sin valorar por qué, han devenido en una situación inconveniente. Cito derechos y deseo referirme a deberes. Lo hago porque a menudo aquéllos se consideran antónimos de obligaciones y éstas pueden confundirse con deberes al considerarse sinónimos . Y resulta fácil y habitual intercambiar estos vocablos sin provocar confusión en los interlocutores. Y es...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.