Observo con frecuencia cómo el envoltorio de nuestra vida diaria nos aprieta a modo de corsé moral cuando toca asumir un precio desproporcionado en la compra o no conseguimos una ayuda social justificada, por ejemplo. Pensamos, entonces, que aquello que consideramos improcedente e injusto es una inmoralidad . Casi siempre se trata de un juicio de valor, de un posicionamiento interesado, desde noble a espurio, da lo mismo el listón, porque en el fondo subyace cada personalidad, pero casi siempre es un llanto social. Más allá de definiciones culturales y filosóficas, donde la moralidad es el palacio de la moral, como facultad espiritual del ser humano, se esperan del quehacer de toda persona o colectividad unos buenos comportamientos. El problema surge cuando el criterio de moralidad entra en colisión con el interés, la circunstancia o la razón, o sea, se considera estar actuando adecuadamente y, no obstante, se arriesga obtener un resultado moralmente inaceptable. Determinados aco...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.