Cuando alguien comete una falta, incurre en un error o causa un leve estropicio y tales actos, honestamente, son involuntarios, no suele ser juzgado de modo peyorativo y hasta la víctima puede ser condescendiente con quien vulneró o precipitó la precaución debida. Resulta absolutamente normal que la persona que ha recibido la molestia o menoscabo de algo, se sienta mal y reaccione según su criterio dañado. También influirá la circunstancia y momento de su ánimo. Y el lastimero causante reaccionará como mejor sepa. Alguna vez ocurre que el afectado por la impertinencia del asunto se torna airado, o que quién le provocó el malestar no se estime pesaroso y hasta le responda con acritud. ¿A qué mortal no le han pisado en el autobús y, de principio, no se le ha fruncido el ceño? En estas ocasiones parece muy indicado pedir disculpas y ser aceptadas, asumiéndose por ambos la fatalidad de un indeseable tropiezo. Lo contrario, que también puede darse, supondría un disgusto mal ad...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.