Las gentes, estos primeros días de enero, gustan felicitar a sus congéneres el año estrenado. Es como expresar el deseo de tener todos la suerte a favor durante los próximos 365 días. Se trata de una costumbre mundial y objetivamente positiva que hermana a las personas de buena voluntad en el propósito de vivir en felicidad. Después, la realidad del diario acontecer nos traerá el reparto cierto de nuestra ventura que, ojalá, colme a la mayoría. Mientras el año que se ha ido lo fue por viejo, al que nos llega cual bebé en canastilla, le llamamos año nuevo. Así, nos parece que dejamos atrás los malos acontecimientos, generales o individuales, que tuvimos en el anterior y que el comienzo del recibido está limpio, vacío y bien dispuesto a tener bonanzas, premios y loas merecidas o afortunadas. Es decir, que vamos a gozar de un desarrollo paulatino de bienestar y progreso, consiguiendo alcanzar aquellos deseos que todos aspiramos. O sea, hacemos gala de una inversión decidida e...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.