Estamos entrando en un nuevo periodo largo de elecciones políticas. Bueno, si es que hemos salido realmente, porque las pausas entre todas y tantas se quedan en unos suspiros. Un dato importante de los resultados de cualquier llamada a las urnas es el de los porcentajes de votos emitidos, o sea el correspondiente al número de electores que se han personado ante las mesas de votación o lo han hecho por correo. Otro, deducido por diferencia con el total oficial de ciudadanos con derecho a votar, es el porcentaje de los que decidieron voluntariamente no participar con su voto (ni a plantearse ese deber social), más los que se vieron imposibilitados de hacerlo por motivos razonables (presumiblemente en menor número). La validez objetiva de un resultado electoral no cuestiona la alta o baja cantidad de los votos emitidos. Suele admitirse que acercarse al 60% avala la eficacia de esa votación; si bien una participación inferior también sería válida. Las decisiones que se tomarán...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.