Cuando alguien comete una falta, incurre en un error o causa un leve estropicio y tales actos, honestamente, son involuntarios, no suele ser juzgado de modo peyorativo y hasta la víctima puede ser condescendiente con quien vulneró o precipitó la precaución debida.
Resulta absolutamente normal que la persona que ha recibido la molestia o menoscabo de algo, se sienta mal y reaccione según su criterio dañado. También influirá la circunstancia y momento de su ánimo. Y el lastimero causante reaccionará como mejor sepa.
Alguna vez ocurre que el afectado por la impertinencia del asunto se torna airado, o que quién le provocó el malestar no se estime pesaroso y hasta le responda con acritud. ¿A qué mortal no le han pisado en el autobús y, de principio, no se le ha fruncido el ceño?
En estas ocasiones parece muy indicado pedir disculpas y ser aceptadas, asumiéndose por ambos la fatalidad de un indeseable tropiezo. Lo contrario, que también puede darse, supondría un disgusto mal administrado y su traslado inconveniente al entorno.
Un ‘disculpa sentido’ es un acto agradable, positivo, que honra al despistado o desafortunado que ha fallado y que desea conformar al dañado. La ausencia de una frase de disculpa y su rechazo malhumorado son manifestaciones de mala voluntad social.
Hay otras ocasiones de usar la palabra disculpa o expresiones asimilables diferentes como un ‘lo siento mucho’. Me gusta y suele usarse bastante actualmente un ‘disculpe’ para solicitar la atención de alguien, para solicitar una ayuda e incluso cuando se hace para reaccionar si se es increpado. Se trata de un ‘disculpa prudente’.
Y rechazo, naturalmente, abusar de un ‘disculpa interesado’ con el que algunas personas tratan de disfrazar un deseo personal o encubrir una actuación negativa evitable, hecho con mala intención.
El hermano mayor de la disculpa es el perdón. También es corriente su uso si se trata de un mal comportamiento menor. Pienso, sin embargo, que debemos reservarlo para demostrar un sentimiento más importante: un ‘perdón dolorido’, que lo traduce en un pesar moral.
No me gusta el `perdón sensiblero’ ese que a modo de muletilla: (Ud. perdone, no es para tanto) (Perdone que no le había visto) (No me perdono haberme olvidado) (Le pido perdón, no volverá a pasar) y tampoco si es usado para tapar malas conductas que no adivinan deseo de enmienda.
La palabra perdón es grande, mayúscula diría mejor. Pedir perdón es una muestra de humildad, de reconocimiento profundo de lo mal hecho, de vencimiento ante la cobardía de un silencio culposo, de reconocimiento de la majestad de quien lo merece. Pedir ‘perdón pesaroso’ produce una sensación interior luminosa.
Reconozcamos que a la mayoría de los humanos, poco proclives a virtudes y deudores de pecados capitales a partes iguales, no nos resulta fácil siempre pedir perdón. Evitamos hacerlo algunas veces arguyendo una excusa, fabricando un inconveniente, tendiendo un puente al tiempo, minorizando el tema en nuestro interior y confieso se trata de un craso error.
¿Y que puede decirse de quién esté llamado a otorgar el perdón solicitado? ¡Qué sublime acto su concesión! ¡Qué sentida satisfacción de serle reconocida su bonhomía! Qué clara seguridad de enmienda apreciará en beneficio de una nueva relación personal más íntima.
Muy buenas reflexiones y muy claras.
ResponderEliminarQué fácil es en principio y cuan difícil parece que resulta el disculparse y pedir perdón. Pero, como bien dices Joaquín, de una forma sincera y leal.
ResponderEliminarEn el.fondo creo que todo es consecuencia de la deficiente educación y del desconocimiento de las reglas de urbanidad, materia que ya no se imparte en las escuelas como antaño.
Felicidades otra vez por tu acertada reflexión y un abrazo.
Carlos
Me gustan mucho las reflexiones, en especial sobre el perdón. Es la actitud más noble que podemos tener y difícil de cumplir a cabalidad.
ResponderEliminarPerdonar es difícil, primero por el sentimiento y orgullo de una misma, segundo por reconocer que quién erró quiere rectificar y estáen tus manos concederle tal alivio. Y pedir perdón es complicado, primero por la vergüenza que da reconocer el fallo, segundo por el temor a no ser 'absuelto' por el dañado. Los humanos somos así... de cobardes... y valientes. Así que tal vez fuera mejor intentar evitar llegar a tener que pedir perdón, ¿no?
ResponderEliminarY si ello no es posible, entonces siempre, siempre, hay que pedir perdón y aclarar las cosas. Y darle la oportunidad a la otra persona de aceptar o no las disculpas, y quedarse entonces ella con su reflexión.
Lo que siempre he tenido claro y cada vez lo veo más evidente si cabe es que no puedes dejar nada 'pendiente', porque hoy estás... y mañana quizá sea demasiado tarde.
Así que, públicamente y si he dejado de disculparme o pedir perdón por algo que he hecho o dicho y le ha dolido a alguien, sabiéndolo o sin ser conocedora, aprovecho este artículo para PEDIR PERDÓN. Por mí misma, claro, pero y por supuesto, por a quién he causado el malestar.
Utilizar el perdón como escusa por no tener cuidado o respeto no me gusta!, perdonar esta bien si rectificas tu comportamiento,como decia el dicho rectificar es de sabios,no por reconocer tu error y perdonar,no te hace menos persona.
ResponderEliminarConsidero que pedir disculpas es para situaciones intrascendentes, por ser más ligero e informal que solicitar perdón, reservado para ocasiones más comprometidas; pero, tanto uno como otro, siempre son un recurso para destensar un momento de confrontación hacia escenarios más calmados, expresando de esta manera nuestra buena disposición para reconocer nuestros errores.
ResponderEliminarVeo que ahora también se usa el "PERDONE " !!! en tertulias de bajo perfil, como arma dialéctica, antes de arremeter contra la opinión del oponente con los propios argumentos.
De todas maneras, estoy totalmente de acuerdo en mantener, a nivel de cortesía, el disculparse, y a pedir perdón cuando cometa cualquier error que sea susceptible de hacerlo.