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Nuestro buen amigo -o dios- el fuego

Tomo el tema para mi reflexión en el rincón de expresión de hoy de la reciente celebración de la noche de San Juan que, además de testigo del solsticio de verano y pasar por la más corta del año, tiene también ser la del culto popular al fuego . Desde la antigüedad conocida más remota y por una constante presencia cultural en la vida humana hasta recientes siglos, una sumisa devoción al dios fuego sentida por gratitud y temor, ha posibilitado la evolución más favorable del ser humano.   El fuego ha formado junto al agua, el aire y la tierra, los cuatro elementos naturales de nuestra existencia. Alineando así los tres de esencial presencia permanente con el que había de transformar especialmente los modos de vivir de nuestros ancestros. Dominar la creación y conservación del fuego propició alimentarse de forma más nutritiva, combatir el frío más allá de las vestiduras y fabricar útiles eficaces para la defensa y el trabajo. Conseguir producirlo debió ser como gozar emulando a una fu...

Exámenes; los duros días de Junio

Los exámenes de fin de curso suponen el último empeño en el estudio y preparación de las materias cursadas durante los nueve o diez meses anteriores, al tener que demostrar su aprovechamiento y dejar acreditada la capacidad de seguir adelante. En el ambiente escolar y universitario junio es un mes relevante. Me atrevo a decir que para una mayoría de estudiantes puede ser incluso ingrato. Y también ha de ser el feliz final de un esfuerzo. Siempre habrá quiénes se mofen de la preocupación que suele suponer pasar los exámenes favorablemente, bien por saberse ya aprobados, bien, por contra, haber renunciado a superarlos.   Aunque creo que todos sentirán -o hemos sentido- algún tipo de ronroneo intestinal a propósito de encararlos. Estas pruebas escolares que atañen a todos los estudiantes, tanto en la enseñanza obligatoria como en la superior, son las primeras que plantean a los niños y jóvenes la demostración por sí mismos del saber instruido. Y serán preámbulo de las que deberán segu...

Defectos a montones

Cuando nos referimos a cualidades y virtudes solemos opinar positivamente, puesto que tales condiciones de comportamiento responden a actos bien vistos socialmente. Al contrario, si nuestro juicio resulta negativo u opuesto al hecho analizado, enseguida lo calificamos de defecto . Este vocablo es normalmente generoso en la manifestación, aunque vaya algo afeado en la intención. Se tiene también asimilado a la carencia o la imperfección de las cosas y actos personales que se esperan correctas   aquéllas y de buena conducta éstos. Citar los defectos de algo o alguien puede servir para calificar cuestiones o propiedades no deseadas; para mostrar oposición al resultado de algo; para rechazar una relación personal. Un defecto también es una falta, una tara, un fallo. Resulta desagradable y puede suponer ingratitud tildar de defecto lo que es sencillamente una carencia natural o accidental de cualidades, sobre todo si corresponden a seres naturales, o se refieren a cosas que cuentan con...

Virtudes a la carta

Querida Laura: Con algún reparo de osadía acojo tu propuesta de expresarme sobre un tema tan sugerente, al tiempo que profundo, sobre virtudes y defectos. Me animo con las primeras ahora para dejar los segundos esperando el tiempo de un próximo artículo. Recientemente asistí a una conferencia en línea sobre “liderazgo empresarial” (Alumni UB) donde uno de sus ponentes me sorprendió favorablemente al entroncar en positivo su exposición con las virtudes cardinales. Por mi experiencia como observador interesado en la actividad de muchos   líderes, estuve totalmente de acuerdo. Para nuestra cultura y su conocimiento tenemos presentes hasta siete virtudes de referencia, entre cardinales y teologales (*). De ellas y otras derivadas o asimiladas, se encuentra recogida abundante información en sitios de consulta de fácil alcance. Sobre la tenencia o práctica de las virtudes humanas , bastaría decir se trata de los comportamientos presididos por un recto modo de proceder . Esas acciones per...

NO es NO ¿quiere que se lo repita?

A menudo decir no es incómodo y hasta puede resultar ingrato, sin que pierda razón una negativa justificable. Y reiterar la negación es comprometido, determinante y llega a poder acarrear pesares. Decir no también puede ser necesario y se precisa tener fortaleza de ánimo para hacerlo, incluso si lo requiere la obligada prudencia. Otra cosa es negar por negar y sostener a ultranza un negacionismo. Actualmente se lleva bastante lo de ser negacionista. Casi siempre decir sí es un SÍ , pues normalmente el sí es positivo y no suele necesitar explicaciones, salvo para quien ajeno a su origen, le puede la curiosidad de saber su porqué. Personas y personajes (santos, políticos, científicos) de nuestra historia pasada y más recientemente se han empeñado en mantener negaciones, incluso con desmesura, que después les supusieron mordaces respuestas o duros sentimientos encontrados. Si Ud., buen lector, se siente o practica convencido algún negacionismo rotundo, no me tenga en cuenta si acaso no...

Nuestra compleja moralidad

Comprendo que me meto en un charco y no llevo botas de agua. Sé que solo citar la palabra moralidad se abre el apetito de la curiosidad; salta el sensor amarillo. No puede haber, creo, expresión más determinante para enjuiciar actitudes y conductas humanas, respecto del individuo y de su especie. La moralidad es una manifestación, un juicio de valor referido a una conducta. Es derivación de la palabra moral, que viene a resumir al conjunto de costumbres de una sociedad y, específicamente, en una época y lugar determinados. Es la opinión aceptada en ese ámbito respecto del bien o mal hacer de las personas. Por tanto, pueden darse moralidades buenas y malas y hasta amoralidades. De tal forma que se puede hablar de un acto moral, inmoral o amoral. E incluso los mismos hechos o conductas en situaciones análogas, pueden considerarse antagónicos en función de la cultura, doctrina o entronque social y local de que se trate. Si nos centramos en nuestro entorno antropológico, en la moralidad ...

La particular cultura del esfuerzo

A juicio de algunos hay personas que llegan al mundo guiados por una estrella que le agraciará la vida, mientras a otros nacidos les acompaña la penitencia del pecado original. Piensan que el juego de la fortuna y del infortunio han de estar presentes desde el principio de la vida. Cada cual y según su circunstancia viene obligado, una vez alcanzada la razón y más aún ya sujeto de sus propios actos, a gestionar esa suerte natural que, por sí sola, no funciona. Y aquí entra la razón de mi título. Hay quienes lo consideramos imprescindible. Otros entienden que no es tan influyente en el trayecto y los menos lo desprecian. Para el resto -la mayoría- ni lo estiman ni se lo plantean. Lo paradójico del esfuerzo es ese valor fuerte que   buena parte de la sociedad atribuye como mérito, que así es, de otros, de los demás y, en cambio, no lo practican para sí. En contra, los mismos, abominan de los afortunados. Tengo una alta consideración por quién se esfuerza y me parece encomiable la in...

Violencia de y para qué

En las últimas semanas hemos asistido a demostraciones de violencia callejera en importantes ciudades españolas a semejanza de similares actuaciones en otras urbes internacionales y se temen nuevos actos vandálicos semejantes en fechas venideras. Normalmente tiendo a ser positivo en mis reflexiones y quisiera también esta vez concluir con expresiones de esa esperanza. Me intranquiliza estar convencido de que, de nuevo, los humanos volveremos -nos mantendremos- en esa iteración nuestra de sernos irremediablemente violentos de vez en cuando. La violencia en el reino animal en general es una agresión mediante la fuerza. En los irracionales obedece a un instinto natural recurrente por la necesidad de alimentarse, reproducirse o imponerse a la manada. Hasta ahí, salvo episodios y circunstancias propias de escasas especies, la riña o castigo sufrido se entienden. Entre nosotros, seres conscientes, la violencia no solo es fuerza física y, por ende, produce daño corporal, sino también psicológ...

De disculpas y perdones

Cuando alguien comete una falta, incurre en un error o causa un leve estropicio y tales actos, honestamente, son involuntarios, no suele ser juzgado de modo peyorativo y hasta la víctima puede ser condescendiente con quien vulneró o precipitó la precaución debida.   Resulta absolutamente normal que la persona que ha recibido la molestia o menoscabo de algo, se sienta mal y reaccione según su criterio dañado. También influirá la circunstancia y momento de   su ánimo. Y el lastimero causante reaccionará como mejor sepa. Alguna vez ocurre que el afectado por la impertinencia del asunto se torna airado, o que quién le provocó el malestar no se estime pesaroso y hasta le responda con acritud. ¿A qué mortal no le han pisado en el autobús y, de principio, no se le ha fruncido el ceño? En estas ocasiones parece muy indicado pedir disculpas y ser aceptadas, asumiéndose por ambos la fatalidad de un indeseable tropiezo. Lo contrario, que también puede darse, supondría un disgusto mal ad...