Los exámenes de fin de curso suponen el último empeño en el estudio y preparación de las materias cursadas durante los nueve o diez meses anteriores, al tener que demostrar su aprovechamiento y dejar acreditada la capacidad de seguir adelante.
En el ambiente escolar y universitario junio es un mes relevante. Me atrevo a decir que para una mayoría de estudiantes puede ser incluso ingrato. Y también ha de ser el feliz final de un esfuerzo.
Siempre habrá quiénes se mofen de la preocupación que suele suponer pasar los exámenes favorablemente, bien por saberse ya aprobados, bien, por contra, haber renunciado a superarlos.
Aunque creo que todos sentirán -o hemos sentido- algún tipo de ronroneo intestinal a propósito de encararlos.
Estas pruebas escolares que atañen a todos los estudiantes, tanto en la enseñanza obligatoria como en la superior, son las primeras que plantean a los niños y jóvenes la demostración por sí mismos del saber instruido. Y serán preámbulo de las que deberán seguir sorteando en su preparación cultural y profesional futuras.
Pasada la primera infancia, donde la protección necesaria de padres y educadores debe ofrecer garantía plena de superación formativa humana, queda para en adelante el ejercicio de la responsabilidad personal y su validación por los exámenes.
Cada individuo debe aplicarse al estudio en la medida precisa de dedicación que su circunstancia personal requiera. Las calificaciones positivas de los exámenes significan el premio al esfuerzo dedicado a su logro. En su defecto, la no superación de los exámenes y hasta el abandono escolar, serán penalidades lamentables.
Pruebas, tests, exámenes, oposiciones, estarán presumiblemente presentes en la consecución de títulos, nombramientos, puestos de trabajo, licencias y permisos diversos que, también por sí mismos, deberán superarse en la escala deseada de mejoras y promociones.
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Las características de la vida personal de nuestros días, considerando al individuo, su familia, su grupo social, su origen y residencia, con su cultura, su idioma y estima de valores tradicionales, producen un complejo entramado de posiciones y sentimientos que, para mí, no ayudan precisamente a la conjunción de la mejor relación estudio-esfuerzo-resultado con que los exámenes han de probar el deseable nivel educativo generacional.
Asistimos a una sinrazón de comportamientos de extensa factura. Familias que cuestionan la función escolar de maestros y, aún peor, ignoran su responsabilidad de educar debidamente a sus hijos. Profesores que aprovechan su magisterio para inculcar en sus alumnos ideas morales, políticas y de clase no incluidas en los programas escolares ni consensuadas con los progenitores.
Autoridades que se niegan a estimar como valor supremo universal la Educación no promoviendo pactos políticos y leyes que unifiquen estudios, racionalicen programas, propongan textos escolares comunes y neutros. Y contrariamente apoyan barra libre para superar cursos con asignaturas suspendidas y hasta consienten acceder a la Universidad sin haber superado el Bachillerato.
Es clamorosa la eventualidad de muchos educadores que tardan años en consolidar las plazas de profesor en Escuelas, Institutos y Universidades, restando motivación a su vocación profesional. Lamentable resulta que no puedan cubrirse plazas de concurso-traslado por exigirse conocer el idioma local en detrimento del nacional, incluso incumpliendo las leyes que lo regula.
Resulta inapropiado y hasta absurdo “regalar” Becas escolares a alumnos que han suspendido asignaturas, puesto que ese premio es justamente la recompensa merecida por los estudiantes mejores, por capacidad o por esfuerzo, es decir, por su mérito.
Y qué podemos decir de la calidad alcanzada en el rendimiento estudiantil, la eficacia última de la escolaridad obligatoria y el abandono de todo interés formativo o el aprendizaje profesional. De esto me ocuparé en otra ocasión. Hoy toca felicitar a los buenos estudiantes y desearles cordialmente disfruten de sus merecidas vacaciones.
Tiene pasajes que parecen escritos para mi nieta que termina ahora su primaria y va para el instituto. Muy sensatas las reflexiones
ResponderEliminarAunque ya queden muy lejos los recuerdos de las épocas de examen entre el personal de nuestra generación, a punto de entrar en la cuarta edad, sí que todavía tenemos grabada en la memoria las inquietudes que nos despertaba su proximidad.
ResponderEliminarEran otros tiempos, a diferencia del presente, en los que el futuro se veía con mayor confianza, gracias a una evolución que ahora se adivina con incertidumbre. De todas maneras, todos vivimos situados en el presente y las ilusiones y voluntad de superación son alienables en la juventud, tanto de antes como de ahora.
Deseo que se alcancen los esfuerzos y aspiraciones de los jóvenes que, en nuestras familias, ahora están inmersos en demostrar su valía en los exámenes que estos días están soportando con esperanzas.
Hay que recuerdos de exámenes,nostalgia colegial,muy oportuno el tema por las fechas que estamos
ResponderEliminarAlguna vez le he dicho a mis sobrinos y a mis jugadores y jugadoras que aprovechen la época de estudiantes, porque después, en lo profesional, el examen es a diario y no 'sólo' algunos días o semanas del trimestre.
ResponderEliminarPero debo decir que, si a su edad y con los 'controles' a la vista alguien me dijera lo mismo, pensaría: "eso me lo dices ahora que ya no te acuerdas".
Y es cierto.
No obstante,los exámenes son una buena medida del esfuerzo y empeño puestos en lo que hacemos. Sea lo que sea. Primaria, instituto, universidad, módulos u oficios (antes FP, ¿verdad?). No es la tipologia del estudio lo esencial, ni aprender de memoria para superar la prueba (excepto en alguna ocasión). Entender lo que se estudia es lo esencial para poder desarrollarse con posterioridad... aunque la nota, al momento, quizá no sea la deseada. Tal vez el resultado final de o en la vida sea el sobresaliente, si has estudiado para saber y aplicar, y no 'únicamente' para aprobar.
Una parte importante de la educación es entender que hay personas que nos acompañan durante todo ese camino. Esas personas son padres, educadores, monitores, profesores, entrenadores y un largo etcétera. Y en gran medida, a ellos nos “debemos” y a su “autoridad”. Actualmente, todo se cuestiona porque el propio sistema nos ha llevado a desconfiar del cómo, dónde y cuándo se hacen las cosas. Echo mucho de menos el respeto de antaño hacia nuestros referentes, ya que creo firmemente, que unos referentes fuertes son los que hacen que veamos el camino a seguir para poder conseguir cualquier objetivo en la vida. A partir de ahí, todo está en nuestras manos y en el empeño pongamos. Y que las circunstancias favorables nos acompañen, en la medida de lo posible.
ResponderEliminarLa vida en sí ya es una dura prueba, un examen diario, en toda regla. Por eso es importante estar bien preparada para las preguntas (cosas) que esperas, pero también para las que son sorpresa. Al final los controles hay que ir pasándolas y quedándose con aquello que no has sabido responder para que vuelva a suceder te, o al menos para saber cómo afrontarlo cuando se presente.
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