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Pruebe a no mirarse el ombligo

Pruebe a no mirarse el ombligo Seguramente Ud. ha oído citar la palabra onfaloscopia, o por lo menos le suena; o quizás la lee por primera vez ahora. No la busque en el DRAE, porque no aparece. Pues resulta de unir vocablos griegos que significan el sustantivo ombligo y el verbo mirar. Ahora sí ¿verdad? Ya sabe por dónde voy a ir. Pues eso, va de mirarse el ombligo. Esa forma entre simpática e irónica con la que solemos definir a una persona de quien también acostumbramos a decir que se siente muy satisfecho consigo mismo.   Del mismo modo, en rango ya más riguroso, citaríamos a este individuo como engreído, presuntuoso, arrogante. Y más adjetivos calificativos que nuestra rica lengua ofrece como sinónimos del más llano mirarse el ombligo. Estarlo, o serlo, por un momento o por una vida, como característica fija de una personalidad, no necesariamente deviene en un juicio peyorativo de quien tiene y practica valores llamados humanos y vive de su esfuerzo y del respeto a sus semejant...

Caminar encarrilados

Disculpen mi título tan poco académico. Quiero referirme a andar por las calles sorteando barandillas, bolardos y vallas varias, a modo de obstáculos verticales urbanos que delimitan el tránsito de los peatones, dicen que para impedir el aparcamiento de coches en   calles estrechas y protegernos del tráfico.   Otra nueva faceta en cuanto a que los viandantes anden mejor, más anchos y seguros, se está imponiendo a costa de estrechar calzadas, creando a veces falsos e innecesarios espacios peatonales, aunque se dificulten servicios rodantes necesarios. Se trata de intentar conciliar el despiadado incremento del movimiento urbano a cuatro ruedas que, aún pudiendo ser reducible para personas , resulta imprescindible para llevarles cosas. Eso si, cuentan con que se podrá salvaguardar la movilidad humana y, de paso, ayudar a corregir el manido y temido cambio climático. Otro dilema es el efecto, incorregible por el momento -espero- de la circulación de los con dos ruedas. Esta nue...

Esos otros Carnavales

Esos otros Carnavales Estamos en Carnaval . Esos tres días previos al miércoles de ceniza y a cuarenta de la Semana Santa en que, según nuestra tradición religiosa, empieza el tiempo de Cuaresma y, por tanto, la   llamada a la moderación de la carne en su sentido más amplio, que exige a algunos recogimiento y abstinencia. Durante siglos, obispos y reyes fiscalizaron y constriñeron estas celebraciones cada vez que las gentes, que conservaban vivas las ancestrales costumbres paganas, osaban reproducirlas. Pero con el Renacimiento y el desarrollo de las ciudades, se fueron imponiendo tales fiestas con demostraciones culturales de cierto mejor carácter.   Los orígenes de los Carnavales son otros y muy anteriores y, en general, las gentes trataban de celebrar la llegada del buen tiempo tras el invierno, la fecundidad de la tierra y el alejamiento de los espíritus, con fiestas y rituales donde griegos, romanos y otros pueblos se reunían en manifestaciones bastante licenciosas. Era p...

De dolores e indolencia

De dolores e indolencia Las enfermedades en general, los traumatismos en particular y algunas molestias físicas derivadas de posturas o esfuerzos e incluso de preocupaciones personales, producen dolor.   Estar afligido, sentir pena, condolerse por alguna causa externa a nuestro cuerpo, que padecen otros o nosotros mismos, nos ocasiona malestar emocional y puede producirnos también aflicción de ánimo. Dolores corporales físicos y congoja íntima acostumbran a combatirse con fármacos y tratamientos médicos al efecto, específicamente determinados y debidamente prescritos. De esta forma es viable recuperar, normalmente, el bienestar interrumpido. Cómo soportar y conllevar el dolor también ha tenido su evolución según el tipo de vida y recursos naturales conocidos para paliarlo; la correlación con la devoción religiosa que lo “justificaba” penitencialmente y los avances farmacéuticos habidos.   El dolor ha trascendido desde la sumisión necesaria a la búsqueda de modos de combatirlo ...

La cartelería al servicio del cliente

La cartelería al servicio del cliente Cuando se acude a un servicio público tipo hospital, administración fiscal o social, área comercial, aeropuerto, centro de ocio e incluso en establecimientos menores pero distinguidos, es bastante común encontrar un servicio de Recepción e Información al que dirigirte para ser orientado en tu visita. Es casi general que tales espacios y sus locales contengan carteles para concretar las ubicaciones adonde se desea plantear el motivo de la visita y hasta en la propia puerta de acceso, completando así la consulta en Recepción o por búsqueda directa del visitante. Las nuevas modas de comunicación impersonal están sustituyendo a la atención personalizada de la Recepción. Incluso existiendo el personal de Información, se te dirige al robot o a la pantalla de un mueble que te pide elijas qué quieres hacer o consultar, dentro de una batería de opciones tasadas. He ido a hacerme una radiografía que, por hábito anterior, pedia directamente en el mostrador de...

¡Que usted lo pase bien!

Las gentes, cuando se encuentran o se despiden de conocidos suyos, normalmente se saludan con muestras de simpatía y afecto, más o menos intensos según sea el grado de empatía alcanzado entre ellos, el tiempo, el lugar y la ocasión de volverse a ver e incluso el estado de ánimo que les acompaña en ese momento. En otros encuentros entre personas no conocidas suele recurrirse a modos de saludar más formales y estereotipados, donde lo cordial da paso a la educación justa de quedar bien o de cumplir con una costumbre racionalmente admitida. Se dan salutaciones, o sea saludos más ceremoniosos y de algún reconocimiento hacia el saludado, cuando se quiere agradecer la suerte del encuentro o el mérito del encontrado respecto del favor de quien saluda. Y, por demás, si se le añade alguna pleitesía, cualquiera que sea la fórmula utilizada. Con los familiares y los amigos ciertos, suelen ser encuentros que respiran emotividad cariñosa uniendo deseos y plácemes de palabra con muestras supremas de ...

Arrepentimiento

Arrepentimiento   No me creo que haya alguien incapaz de arrepentirse nunca de algo. No digo que no sea posible lo haga; no arrepentirse. Digo que no me cabe en la cabeza tamaña barbaridad humana.   Pienso que el ser humano, sí racional, es incompatible con serlo; ser impenitente. Es más, considero que en el arrepentimiento hay un hueco para alguna sensibilidad, si bien sea menor. Se dice que para alcanzar algún perdón -gracia de Dios o de la Justicia- se requiere, uno entre otros, el requisito (¿la voluntad?) de arrepentirse, como se pide o pretende el propósito de enmienda (¿se producirá)   Cuando de ordinario hacemos algo y nos reconocemos, interiormente, errados frente al deber o a la moral ¿nos sentimos arrepentidos? ¿nos disculpamos, o nos proponemos no reincidir? El tirano, el despiadado y el criminal consciente, generalmente impíos por sus actos, llevados por la soberbia de una conducta punible, se les tiene por personas sin remordimientos incapaces de dar su braz...