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Conformidad / Conformismo

Dar conformidad y conformarse son dos actos normalmente positivos respecto de un resultado, sea por la compra de un producto, la prestación de un servicio, la suscripción de un contrato y también por la aceptación de una obligación o disposición legal. Sin embargo, subjetivamente, ambas manifestaciones difieren por sus connotaciones respecto del propósito al que se vinculan. Pues no es lo mismo considerar bien y a gusto el fin recibido -estar conforme- que aceptar su resultado con reservas -conformarse-. Una lectura ocasional me sugiere el tema elegido, al que aporto una anécdota de ficción: Dos vecinos de escalera se encuentran de regreso en el hall de su inmueble, se saludan de costumbre, y -Qué tal José, te noto el ceño algo arrugado, ¿está todo bien? -El caso es que vengo enfadado conmigo mismo, Pedro. - Eso tiene fácil arreglo; desahógate hombre, cuéntamelo. - He recogido el coche del taller, ya arreglado de las rozaduras que llevaba en una puerta y he notado que no había quedado ...

Algún repaso sobre moralidad

Observo con frecuencia cómo el envoltorio de nuestra vida diaria nos aprieta a modo de corsé moral cuando toca asumir un precio desproporcionado en la compra o no conseguimos una ayuda social justificada, por ejemplo. Pensamos, entonces, que aquello que consideramos improcedente e injusto es una inmoralidad . Casi siempre se trata de un juicio de valor, de un posicionamiento interesado, desde noble a espurio, da lo mismo el listón, porque en el fondo subyace cada personalidad, pero casi siempre es un llanto social. Más allá de definiciones culturales y filosóficas, donde la moralidad es el palacio de la moral, como facultad espiritual del ser humano, se esperan del quehacer de toda persona o colectividad unos buenos comportamientos. El problema surge cuando el criterio de moralidad entra en colisión con el interés, la circunstancia o la razón, o sea, se considera estar actuando adecuadamente y, no obstante, se arriesga obtener un resultado moralmente inaceptable.   Determinados aco...

Unos apuntes sobre disfunciones urbanas

A las madres educadoras les ha preocupado de siempre que sus hijos cumplieran con unas normas consideradas de buenas costumbres entre las gentes de bien. Los maestros de escuela primaria completaban la educación explicando en clase Urbanidad. Sé que ningún cambio o modernización social advenido hasta la actualidad ha corregido tal propósito, pero algunas reformas legales y convivencias flexibles han introducido nuevos perfiles algo laxos. Debe ser influencia del anunciadísimo “metaverso”, de la magnífica aportación de la impresión en 3D, o del gusto de aplicarse a una práctica personal de la “razón de la sinrazón”, pero muchos   moradores y también forasteros se comportan contra natura. A menudo compruebo como grupos de jóvenes, cerca de sus institutos, hablan y comen sentados en la acera. O esperan a su cita sentados en el suelo al lado del sitio fijado. Incluso se sientan y miran su móvil desde el suelo del vagón del metro. En algunos bancos del parque es normal encontrarse con a...

Curiosidades acerca del socorrido “estoy reunido”

Según sus hábitos o circunstancias, alguna vez o quizá bastantes, usted mismo se habrá encontrado con esta respuesta al intentar comunicarse con alguien y ser interceptado por quien tiene la misión de velar por la intimidad del personaje con quien necesita intercambiar un propósito.  Es bien cierto que la toma de decisiones en el mundo de los negocios que suponga influir en los intereses de varias partes vinculadas exige información, reflexión y puesta en común de consideraciones que faciliten su acuerdo.  Asimismo, esas decisiones deben estar racionalizadas y no ser obstaculizadas por injerencia alguna. Por eso, las reuniones de trabajo son importantes y requieren concentración y elusión de interrupciones.  Reunirse se trata de una práctica harto recurrente en el ámbito de las actividades profesionales y se ha convertido en una costumbre de hacerlo para casi todo. Así se deja constancia de la trascendencia de acuerdos que justifican negociación y decisión consensuada ent...

La asocial actitud de no votar

Estamos entrando en un nuevo periodo largo de elecciones políticas. Bueno, si es que hemos salido realmente, porque las pausas entre todas y tantas se quedan en unos suspiros. Un dato importante de los resultados de cualquier llamada a las urnas es el de los porcentajes de votos emitidos, o sea el correspondiente al número de electores que se han personado ante las mesas de votación o lo han hecho por correo.   Otro, deducido por diferencia con el total oficial de ciudadanos con derecho a votar, es el porcentaje de los que decidieron voluntariamente no participar con su voto (ni a plantearse ese deber social), más los que se vieron imposibilitados de hacerlo por motivos razonables (presumiblemente en menor número). La validez objetiva de un resultado electoral no cuestiona la alta o baja cantidad de los votos emitidos. Suele admitirse que acercarse al 60% avala la eficacia de esa votación; si bien una participación inferior también sería válida.   Las decisiones que se tomarán...

Sobre la identidad corporal

Con la identidad personal resuelta por los nombres propios, el ser racional necesitaba recurrir a su cuerpo, ya adecentado con cuidados y protegido de inclemencias, para marcar sus diferencias corporales respecto de los animales.   La evolución ha determinado vestirse a los humanos desde las primeras pieles de los cazadores recolectores hasta los emperifollados más actuales. Y de los hábitos y costumbres, ropas de trabajo, ocio, deporte y fiesta, o disfraces para la ocasión, hemos llegado al escaparatismo corporal. Recuerdo que ya en las primeras obras del séptimo arte solían cruzarse, tras los primeros planos urbanos, unos personajes llamados hombre-anuncio que, por algún dinero, proponían productos novedosos e incluso leer cierta prensa. Esa vieja vivencia me lleva a plantearme si, por puro mimetismo, jóvenes -y no tan jóvenes- estarán tratando de dar a conocer algo de su personalidad, vistiendo ropas “personalizadas” con leyendas jocosas, culturales y hasta publicitarias. ¿Y a s...

Calle -mundo- sin salida

Me inclino y suelo sostener en mis consideraciones una visión realista. Sin ser ajeno a la duda ni a la devoción por algunos sentimientos, prefiero la condición tangible de los hechos a la hora de valorar los acontecimientos humanos. Entiendo que vivimos en un mundo complejo de imposible conciliación y víctima de nuestros muchos errores. Creo también que la vida colectiva podría ser buena si la gran mayoría de gentes asumen las lógicas servidumbres de la materia, sienten un algo espiritual y usan el sentido común para convivir. A veces nos olvidamos que nuestra existencia es deudora, por herencia o comportamiento, de bienes naturales que por sí mismos tienen sus circunstancias y desarrollos que nos condicionan y que requieren suma atención. Pese a todo o gracias a esta suerte, de un tiempo a esta parte da la sensación que nuestras mutuas relaciones están empeorando. Generalmente padecemos problemas ya conocidos con anterioridad o claramente previsibles y no hemos actuado debidamente. S...

La estela (Relato de una ficción vital)

Le gustaba sentarse bajo la fresca sombra de aquel tilo de sus confesiones. Allí, en ese parque urbano de la ciudad que amaba. Con quien desahogaba sus recuerdos, pues ya no podía recordar sus sueños. Su árbol predilecto, la compañía silenciosa de un ser vivo comunicante de sus congéneres y mudo para el abuelo. El cielo muy azul de esa mañana acogía, algo distanciadas entre si, algodonosas nubes, incluso algunas parecían ser también plumas de almohada desprendidas en un juego de niños y elevadas al firmamento por una agradable brisa de primavera temprana. Su mirada izada al espacio celeste, entrecerrando los párpados para mitigar la dureza del brillo solar, que tanto le molestaba tras su operación de cataratas, quedó prendada de aquella doble hilera blanquecina, firme en un punto inicial y desgajada unos cientos de metros atrás. El rebufo aéreo de un moderno pájaro mecánico. La imagen dibujada, ya quieta y desfigurándose, quiso el hombre compararla en su imaginación con el rastro que l...

Nombres propios versus ¿impropios?

Ayer (16 julio) el santoral reserva la fecha para ensalzar a la Virgen del Carmen -jardín de Dios- advocación mariana destacada sobre todo en países de influencia católico-latina, de iconografía presente en innumerables templos y venerada patrona del mar. Lo refiero aquí en su calidad de nombre propio femenino, popular y muy extendido, como punto del contraste que me inspira escribir sobre la evolución que está suponiendo, una más, el tratamiento de los actos del ser y del vivir.   Llamarse, o sea que le llamen a uno, con un determinado nombre es una condición identitaria necesaria. Elegir esa denominación personalísima suele ser circunstancia notoria. Sin duda, el nombre de una persona es causa, y puede ser efecto, de trascendentes motivaciones. Había cierta costumbre ascentral en bautizar a los hijos con el nombre de los padres. Usados estos, se recurría a los de sus mayores y congéneres próximos. En su defecto, siempre quedaba el recurso al santoral y asignar el del Santo diario...