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EL secante desenfreno nacional de los precios

Leo, oigo y veo con estupor, pero sin sorpresa por reiteradas de forma cansina en los medios de comunicación, muchas noticias donde la actualidad de las dolencias económicas sociales más sensibles -sino todas- clama por tener una explicación comprensiva de la otra guerra, esta incruenta, en la que estamos siendo derrotados todos cada día un poco más. Y cito lo de otra guerra porque siempre está siendo la de Ucrania la excusa argüida para (mal) justificar los desmedidos encarecimientos de las cosas de comer, beber y toda la lista de la compra que sostiene y trata de dignificar nuestras vidas. Añado lo de nacional porque aquí no se salva nadie ni ninguna (cosa) de verse elevada a una cúspide porcentual nunca conocida en tan poco tiempo. Y, sin embargo, no es (tanto) internacional pues han debido intervenir hados en otros lares que a nosotros nos ningunean. Así, nos cuenta una gacetilla que los alimentos acumulan 25 meses seguidos de incrementos y ya son un 31,6% más caros que antes de la...

¿Cómo está usted de apegos?

En el lenguaje particular de nuestras interacciones personales, usamos regular y reiteradamente un común de palabras que entran, se quedan, y salen dando espacio a otras luego, para dar forma a nuestras sensaciones y opiniones, o a la narrativa de algo, personalizando nuestra manera de hablar. Recientemente, escuchando a un ilustrado conferenciante, sentí una cierta emoción oyendo la palabra apego . Hacía tanto tiempo que no la oía, ni leía, que me parecía   despertar de una ensoñación. Pensé, ha vuelto y la recupero. Me remontaba a tiernos años infantiles, a mi madre, y no solo por ese vínculo o sentimiento de seguridad maternal que supone el apego, sino por el uso calificativo con que solía utilizarlo. Recuerdo que a alguien alejado del cariño familiar le decía “desapegado”. He buscado actualizarme sobre el apego y estoy sorprendido de lo mucho que se escribe y publica entre los profesionales de la psicología. He oído algunos podcast, incluso. Pero la mayoría hablan sobre todo de...

Obesidad y más

Muchas veces pienso si los resultados esperables de la relación entre la evolución natural, el ejercicio intelectual y la búsqueda de la excelencia personal, características del deseo humano para seguir aumentando   diferencias con el resto de seres vivientes, realmente son consecuentes   con la coherencia de una racionalidad deseable. Esas condiciones son comunes para la especie, pero la cognición, de inicio, es un enigma que se irá desarrollando como una esponja que absorbe todo lo que la observación de los sentidos le aporta, con sus vericuetos, bondades y malicias de los otros y jugarretas del destino, conformando las conductas. Si al desarrollo de nuestra especie, con avances científicos constantes que aportan soluciones a deficiencias de vida anteriores y mejoras en la calidad de la existencia con el disfrute de nuevos medios al alcance de más personas en el mundo, añadimos comportamientos, digamos un tanto prescindibles, apoyados en modas pasajeras o apreciaciones hueca...

Despidiendo a un gravoso verano

Hubo un tiempo en que los veranos diferían poco de año en año. Lo habitual y reiterado era la recolección agrícola, la vacación escolar, el ferragosto de las fábricas, el quisquilloso estío de los Rodríguez, los baños de playa y piscina, las meriendas al aire libre, el montañismo aficionado, la vuelta al pueblo y, más recientemente, los viajes al cercano mundo desconocido. Y en ese tiempo de estación calurosa la naturaleza tenía asimismo las gracias y los contratiempos lógicos de los ciclos periódicos que nos traen sus elementos.   Lo normal eran los juegos infantiles libres a todas horas, la exposición al sol para coger color de moreno de piel, los bailes a la luna. Pero también teníamos tormentas de granizo, incendios forestales, tráfico insensato y muchos turistas. Y quedaba atrás -hasta septiembre- el trabajo ordinario, el colegio, reparar aquel aparato estropeado de casa, volver al gimnasio, hacer dieta y ahorrar. Era el tiempo de disfrutar todos; la mayoría, claro. Se ha vuel...

Usted merece saber cómo elegir en política

Escoger entre dos cosas, una buena y otra mala, no resulta difícil. Elegir entre dos opciones -o más- políticas a la hora de votar, puede resultar honestamente complicado. Puede resultarnos un dilema   cuando las alternativas están próximas.   Si las ideas políticas del elector, por definidas y confiadas ya tienen destinatario, sólo cabe aplicarse a la esperanza de que se cumplan las propuestas conocidas y esperar su mejor cumplimentación.   Si se duda por hechos pasados negativos, siempre se tiene la   posibilidad de usar la objetiva vía de la alternancia democrática. Los ingredientes por contemplar a la hora de unas elecciones gubernativas, aún siendo libres de ponderar por cada elector, debieran incluir siempre un mínimo conocimiento o formación sobre las ideas y postulados de las diferentes ideologías políticas.   A menudo presumimos de vivir en democracia porque deseamos sentirnos partícipes activos de la vida política y hasta esquilmamos su concepto para o...

01/01/9999

Para el mundo oficial, ese de las normas públicas administrativas, las personas somos clasificadas de diversas formas y una de ellas es la de grupos por edad. Somos niños y vamos pasando por jóvenes, maduros, mayores y ancianos, por ejemplo.   Prescindiendo de si la edad, los años de calendario oficial vividos, suponen y se portan de forma similar para el conjunto de seres humanos de que se trate, tales grupos se encasillan entre límites numéricos. La jubilación laboral y por cuenta ajena más extendida comienza a los 65 de edad y si alguien la alcanza antes se le considera un prejubilado. Quien mantiene sus funciones tras traspasar su edad reglamentada de jubilación, es considerado emérito. Actualmente, a todos ellos se les denomina “seniors” Al conjunto de todos los humanos que han superado la juventud, alcanzando la plenitud del crecimiento esperado, y llegan a la vejez, se les considera los adultos. Esta clasificación ya resulta algo más subjetiva, por la flexibilidad que cara...