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Esos otros Carnavales

Esos otros Carnavales Estamos en Carnaval . Esos tres días previos al miércoles de ceniza y a cuarenta de la Semana Santa en que, según nuestra tradición religiosa, empieza el tiempo de Cuaresma y, por tanto, la   llamada a la moderación de la carne en su sentido más amplio, que exige a algunos recogimiento y abstinencia. Durante siglos, obispos y reyes fiscalizaron y constriñeron estas celebraciones cada vez que las gentes, que conservaban vivas las ancestrales costumbres paganas, osaban reproducirlas. Pero con el Renacimiento y el desarrollo de las ciudades, se fueron imponiendo tales fiestas con demostraciones culturales de cierto mejor carácter.   Los orígenes de los Carnavales son otros y muy anteriores y, en general, las gentes trataban de celebrar la llegada del buen tiempo tras el invierno, la fecundidad de la tierra y el alejamiento de los espíritus, con fiestas y rituales donde griegos, romanos y otros pueblos se reunían en manifestaciones bastante licenciosas. Era p...

De dolores e indolencia

De dolores e indolencia Las enfermedades en general, los traumatismos en particular y algunas molestias físicas derivadas de posturas o esfuerzos e incluso de preocupaciones personales, producen dolor.   Estar afligido, sentir pena, condolerse por alguna causa externa a nuestro cuerpo, que padecen otros o nosotros mismos, nos ocasiona malestar emocional y puede producirnos también aflicción de ánimo. Dolores corporales físicos y congoja íntima acostumbran a combatirse con fármacos y tratamientos médicos al efecto, específicamente determinados y debidamente prescritos. De esta forma es viable recuperar, normalmente, el bienestar interrumpido. Cómo soportar y conllevar el dolor también ha tenido su evolución según el tipo de vida y recursos naturales conocidos para paliarlo; la correlación con la devoción religiosa que lo “justificaba” penitencialmente y los avances farmacéuticos habidos.   El dolor ha trascendido desde la sumisión necesaria a la búsqueda de modos de combatirlo ...

La cartelería al servicio del cliente

La cartelería al servicio del cliente Cuando se acude a un servicio público tipo hospital, administración fiscal o social, área comercial, aeropuerto, centro de ocio e incluso en establecimientos menores pero distinguidos, es bastante común encontrar un servicio de Recepción e Información al que dirigirte para ser orientado en tu visita. Es casi general que tales espacios y sus locales contengan carteles para concretar las ubicaciones adonde se desea plantear el motivo de la visita y hasta en la propia puerta de acceso, completando así la consulta en Recepción o por búsqueda directa del visitante. Las nuevas modas de comunicación impersonal están sustituyendo a la atención personalizada de la Recepción. Incluso existiendo el personal de Información, se te dirige al robot o a la pantalla de un mueble que te pide elijas qué quieres hacer o consultar, dentro de una batería de opciones tasadas. He ido a hacerme una radiografía que, por hábito anterior, pedia directamente en el mostrador de...

¡Que usted lo pase bien!

Las gentes, cuando se encuentran o se despiden de conocidos suyos, normalmente se saludan con muestras de simpatía y afecto, más o menos intensos según sea el grado de empatía alcanzado entre ellos, el tiempo, el lugar y la ocasión de volverse a ver e incluso el estado de ánimo que les acompaña en ese momento. En otros encuentros entre personas no conocidas suele recurrirse a modos de saludar más formales y estereotipados, donde lo cordial da paso a la educación justa de quedar bien o de cumplir con una costumbre racionalmente admitida. Se dan salutaciones, o sea saludos más ceremoniosos y de algún reconocimiento hacia el saludado, cuando se quiere agradecer la suerte del encuentro o el mérito del encontrado respecto del favor de quien saluda. Y, por demás, si se le añade alguna pleitesía, cualquiera que sea la fórmula utilizada. Con los familiares y los amigos ciertos, suelen ser encuentros que respiran emotividad cariñosa uniendo deseos y plácemes de palabra con muestras supremas de ...

Arrepentimiento

Arrepentimiento   No me creo que haya alguien incapaz de arrepentirse nunca de algo. No digo que no sea posible lo haga; no arrepentirse. Digo que no me cabe en la cabeza tamaña barbaridad humana.   Pienso que el ser humano, sí racional, es incompatible con serlo; ser impenitente. Es más, considero que en el arrepentimiento hay un hueco para alguna sensibilidad, si bien sea menor. Se dice que para alcanzar algún perdón -gracia de Dios o de la Justicia- se requiere, uno entre otros, el requisito (¿la voluntad?) de arrepentirse, como se pide o pretende el propósito de enmienda (¿se producirá)   Cuando de ordinario hacemos algo y nos reconocemos, interiormente, errados frente al deber o a la moral ¿nos sentimos arrepentidos? ¿nos disculpamos, o nos proponemos no reincidir? El tirano, el despiadado y el criminal consciente, generalmente impíos por sus actos, llevados por la soberbia de una conducta punible, se les tiene por personas sin remordimientos incapaces de dar su braz...

LA MAR DE BIENES

LA MAR DE BIENES No se dice mucho ahora así pero tiempo atrás, cuando algún evento celebrado, experiencia personal o acto asistido se estimaba excelente o casi, se le citaba coloquialmente como que había estado “la mar de bien”.   En esta expresión se quería resumir la importancia positiva de la vivencia tenida. Vivo ahora en una ciudad que mira al mar. Esta mañana me he asomado a su paseo marítimo. Tenía ganas de ir, lo necesitaba. Hacía diez días que no lo visitaba y sentía mi admiración marina triste, como pecaminosa.   No puedo presumir de buen nadador, ni de aspirante a marinero, pero me atrae mucho la mar. Me ofrece y atrapo con unción su magnitud. Ese tamaño inmenso; ese ritmo del movimiento continuo, en quietud o estrépito; esa pátina irisada espejo del firmamento. Esa paz del pensamiento tras la mirada del horizonte. El mar, o la mar, al gusto, con sus aguas abarcando cerca de tres cuartas partes de la extensión de nuestro planeta, ha significado tal suerte de atracci...

Conformidad / Conformismo

Dar conformidad y conformarse son dos actos normalmente positivos respecto de un resultado, sea por la compra de un producto, la prestación de un servicio, la suscripción de un contrato y también por la aceptación de una obligación o disposición legal. Sin embargo, subjetivamente, ambas manifestaciones difieren por sus connotaciones respecto del propósito al que se vinculan. Pues no es lo mismo considerar bien y a gusto el fin recibido -estar conforme- que aceptar su resultado con reservas -conformarse-. Una lectura ocasional me sugiere el tema elegido, al que aporto una anécdota de ficción: Dos vecinos de escalera se encuentran de regreso en el hall de su inmueble, se saludan de costumbre, y -Qué tal José, te noto el ceño algo arrugado, ¿está todo bien? -El caso es que vengo enfadado conmigo mismo, Pedro. - Eso tiene fácil arreglo; desahógate hombre, cuéntamelo. - He recogido el coche del taller, ya arreglado de las rozaduras que llevaba en una puerta y he notado que no había quedado ...