Ir al contenido principal

Entradas

La fachada de la casa, espejo de la comunidad

Con este título me acojo al trillado símil respecto de la apariencia de nuestra cara, para opinar esta vez sobre mis pareceres de haber contemplado más de una fachada de casas de vecinos, esos edificios de viviendas por plantas donde se cobijan tantas familias  con sus pertrechos, y que bien pueden trasmitir su “alma” interior. A cualquier arquitecto, cuando diseña un proyecto de edificación donde la construcción vaya a requerir una “vestimenta” que cubra y dignifique el cuerpo interior de su obra, estoy seguro que le anima una especie de ilusión artística.  Sin duda, todas las edificaciones tienen un fin principal y este radica en la utilidad para lo que se construye. Pero desde una nave industrial hasta un palacio de congresos, encontraremos fachadas que armonizan, estilos y gustos. Algunas llegan a ser verdaderas obras de arte y resultarán deleite de mucha gente. Obviamente, casas para viviendas, hoteles y edificios para oficinas, contarán con espacios abiertos y tras...

Lealtad y Fidelidad, virtudes añoradas

Cuando elijo escribir sobre un tema, me gusta escudriñar entradillas y textos varios que puedan estar relacionados con lo que debo sentir al respecto de su valor, interés o curiosidad y que habrá de suponerme decidir elaborar mi artículo.   Para esta vez he seleccionado esta frase:  “La lealtad  es cosa de la que todo el mundo  habla y muy pocos la practican, por la sencilla razón  de que no es una posición espiritual al alcance de todo el mundo , ni todo el mundo  está preparado para ser leal .” (Ramón Carrillo, 1906-1956) Ciertamente tal afirmación , por estimable que merezca ser, a mi me parece severa y drástica, si bien he de asumir que los pros y contras del avance social y la dulcificación creciente de las reglas que -dicen algunos- nos han oprimido hasta no hace tanto, han reducido mucho la predisposición a tales devociones de fidelidad. Se entiende por lealtad la acción propia y permanente de un ser fiel hacia alguien -dios, señor, rey, maestro, p...

Sacrificios de estos y otros tiempos

No voy a referirme a sacrificios humanos en honor de su correspondiente deidad, pues para eso está la historia sagrada de las religiones. Tampoco si las ofrendas eran cuerpos de animales. Dejémoslo para la historia y para la antropología. Sí, en cambio, debo citar como sacrificio humano a las víctimas de holocaustos. También a los que han sufrido y aún padecen persecución y muerte por su pertenencia o sentimiento religioso. Todas esas vidas sacrificadas por vacuo despecho u odio desesperado. Igualmente han sido despreciables los autores de actos de hecatombe, diezmando ejércitos vencidos por venganza o quitando la vida a colectivos y grupos de personas por profesar ideas contrarias a las suyas en lo político. Unos sacrificios humanos que aúnan repugnancia con impiedad. Un sentido canallesco merece el exterminio de los llamados escudos humanos en las guerras y las luchas tribales, cuyo ensañamiento enardece ánimos enfrentados. Asimismo ¿se debe asumir una inmolación a cambio del sacrifi...

¿Por qué es usted solidario?

Solidaridad, esa unidad lingüística con la que se nos llena la boca cuando la usamos como sustantivo, común o propio, o es transfigurada al modo gramatical que le corresponda, tiende a ser socorrido término de muchos propósitos y bienquereres varios. Resulta no serle extraña a la política, cómoda al sindicalismo, caritativa a la religión, ampulosa al periodismo, magna al derecho Natural y firme al de Obligaciones, popular al mundo trabajador y de denominación geográfica, y hasta espacial. Podría decirse que este lustroso vocablo es conocido y pronunciado masivamente a diario en todo el mundo. Es, por demás, inteligible en variedad de países y muchos idiomas. Se trata, a buen seguro, de la manera de interpretar más favorablemente el entendimiento entre los pueblos. Puede resultar pretencioso dedicar unos párrafos a tan importante palabra. También podrá procurarse algunas cosquillas a bienintencionados sociólogos que los lean. Pero no, no es mi propósito desarrollar la materia, ni por as...

El disfraz de la palabra

Acabamos de dejar atrás un tiempo de disfraces. Esperaba yo un Carnaval algo más lucido y sin embargo parece que este año se haya reducido al mundo infantil escolar, siempre bienvenido en calles y colegios, alguna muy puntual crónica televisiva y un par de chirigotas gaditanas vía WhatsApp. O yo he estado fuera de juego. El caso es que la ocasión festivalera tradicional me da pluma para referirme a otro tipo de disfraz que está en boga para quedarse, que me temo perdure y hasta se multiplique: el de las palabras “disfrazadas”. En este tiempo de nuestro entorno vienen apareciendo al uso diario palabras viejas con sentidos nuevos. Vocablos ciertos de expresión y disfrazados de aplicación, que vienen a actualizarnos coloquialmente en diversidad de temas que nos trascienden. Elijo para empezar “políticamente correcto”. Se aplica como definición del lenguaje destinado a no ofender a determinados grupos sociales. O sea, se pretende tapar expresiones naturales de condición, situación y consti...

Sobre todo ¡no se altere! Después, reclame

Andamos a vueltas con personas y cosas, asuntos y negocios, que nos salen mal. Es demasiado normal la repetición de resultados frustrantes. Muchas veces sentimos desamparo en la búsqueda de remedios. Topamos con frecuencia con muros humanos reglamentistas y, en ocasiones, despreciativos. No trato de desconocer lo contrario -lo positivo- lo bien hecho. Lo que normalmente debería ser. Y acepto que algunas veces salgamos satisfechos de un “enroque”. De donde parto es del hacer bien las cosas como norma, como objetivo predominante del quehacer. De siempre he considerado que sólo existe un modo de acertar haciendo algo -casi todo- si nos empeñamos en no fallar. También estimo el error inevitable, que los hay, si bien con la debida previsión pueden acotarse. Y si fallamos, sirven para aprender y no repetirlos. Pero ocurre que se dan situaciones donde se ha errado, se ha confiado sin mesura, nos han confundido o, sencillamente, engañado.   Otras, los controles de seguridad, de calidad o d...

De tacos y palabrotas

Quien más y quien menos, algunas veces, suelta un taco . Siempre ha ocurrido y seguirá pasando. Hay ocasiones en que, ante un acontecimiento no esperado, habitualmente ingrato, nos molestamos y recurrimos al desahogo de una palabrota . Muy pocas personas podrán decir lo contrario. No porque no las haya, que puede ser, pero el común de los mortales sentimos la necesidad de una expansión verbal para acoger un disgusto. Ocurre, asimismo, cuando nos sorprende algo positivo que, por esa razón, nos alegra sobremanera, y se nos escapa -o decimos aposta- un vocablo malsonante. Son reacciones plenamente humanas, propias de gente normal, de indistinta formación, ocupación o posición social. Su espontánea alocución, esporádica y coloquial, aún sorprendiendo si no se   tiene relación personal, no molesta comúnmente. Otro juicio merece quien habla “mal” por vicio y lo practica de forma constante; o sea, sus conversaciones están llenas de esas palabras que resultan innecesarias para conformar el...

El feo oficio de la mendicidad

En los años cincuenta del pasado siglo, en algunas ciudades españolas, aún se explicitaba en cartelería callejera el reproche social de la mendicidad. Recuerdo haber pasado yo mismo a diario, camino de la Escuela de Comercio, bajo una placa que rezaba: Prohibida la mendicidad y la palabra soez.   De la primera intimación, mi primera adolescencia sentía a menudo disgusto y lástima. Pensaba en lo degradante que era considerar a una persona ser mendigo o pobre de solemnidad, como se decía.   Todavía entonces se arrastraban penurias de pobreza manifiesta presentes en la vida de esos seres que habían constituido la mayor parte de nuestras poblaciones y que tras una dura edad media aún se prolongó en la moderna. Y, lamentablemente, perdura en grandes áreas de la humanidad. Ahora, en este veloz siglo XXI, esta edad que los historiadores quieren denominar “mundo nuevo”, tenemos entre nosotros a nuevos mendigos . Esos aprovechados que ofician la mendicidad profesionalizando la del pers...