Ir al contenido principal

El disfraz de la palabra


Acabamos de dejar atrás un tiempo de disfraces. Esperaba yo un Carnaval algo más lucido y sin embargo parece que este año se haya reducido al mundo infantil escolar, siempre bienvenido en calles y colegios, alguna muy puntual crónica televisiva y un par de chirigotas gaditanas vía WhatsApp. O yo he estado fuera de juego.



El caso es que la ocasión festivalera tradicional me da pluma para referirme a otro tipo de disfraz que está en boga para quedarse, que me temo perdure y hasta se multiplique: el de las palabras “disfrazadas”.


En este tiempo de nuestro entorno vienen apareciendo al uso diario palabras viejas con sentidos nuevos. Vocablos ciertos de expresión y disfrazados de aplicación, que vienen a actualizarnos coloquialmente en diversidad de temas que nos trascienden.


Elijo para empezar “políticamente correcto”. Se aplica como definición del lenguaje destinado a no ofender a determinados grupos sociales. O sea, se pretende tapar expresiones naturales de condición, situación y constitución humanas, mediante “eufemismos” advenedizos al interés del calificante. Al parecer, les restan adeptos si se les nombra normalmente.


Así, de tal forma, queda mejor, más suave y condescendiente, la observación, el reparo y la crítica del feo e incómodo hecho consumado que nos molesta y contradice, pero que rebozamos de caritativo adjetivo. Es decir, hacemos virtud de la hipocresía.


Sigo con “empoderamiento”. Nuestra gramática lo tuvo antes como apoderamiento, de apoderarse, disponer y controlar. También  originó el representar, sustituir y decidir por otro, su poderdante. Ahora, ya desusado aquel, se dedica al buen provecho del desfavorecido, su progreso y completa equiparación social.


Tal es el favor conseguido por esta expresión que no hay colectivo,  orden social ni económico que no la incluya en su vocabulario diario. 

Es lógico, por ejemplo, se quiera empoderar a la mujer para que alcance al hombre de manera “paritaria” en todos los casos en que estamos llamados a ser iguales y ¿por qué no, superarlos? 


Es más, ¿tan necesario es feminizarlo todo para reconocer su compatible exclusividad natural? Es decir, respetar sus propias cualidades, todas y hacer lógica la evolución natural y adaptarla al orden actual pues, hoy por hoy, no se conoce tengan terreno vedado alguno, ni socialmente se admite su exclusión.


Y en otro supuesto ¿debemos empoderar con subvenciones a los menos favorecidos económicamente (ej. de eufemismo) para que superen su supuesta ignominia? ¿O bastaría procurarles buenas cañas de pescar para mares no revueltos y con buenos caladeros? 


¿Hay que empoderar a estudiantes y obreros eximiendo aprobar exámenes a unos y no desenredando el desempleo a los otros? ¿O se les incentiva el esfuerzo y apoya decididamente su formación y mejora profesional con políticas de compensación realistas?


Pero no deseo confundir a nadie mezclando churras con merinas (unas dan buena carne y otras estupenda lana); sólo reflejar esos disfraces de palabras que confunden sin nada a cambio. Como estas otras:


-producto biológico: para calificar los huevos de calidad superior.

-crédito sostenible: para ofrecer financiación bancaria al consumo. 

-energía ecológica: para hacer creer que se produce naturalmente.

-resiliencia psicológica: para brindar fortaleza de ánimo a las penas.


Y añada Ud., respetado lector, otras que le suenen y póngales el supuesto que disfrazan y quizás convenga conmigo que estamos consiguiendo un Carnaval de las palabras de 365 días al año.





Comentarios

  1. Felicidades por el acierto del tema y la manera de redactarlo y explicarlo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La creación y el uso de un idioma, es un producto que se ha gestionado durante siglos y en el que ha participado el conjunto de la población de un país o del conjunto de países que han contribuido a su mantenimiento y extensión. Por esto es más hiriente la utilización artificial de nuevos vocablos, expresiones y palabras que no añaden nada nuevo al lenguaje, por ya existir de antiguo otra que define concretamente su sentido, o porqué se quiere rizar el rizo, dándole un aire más progresista, intelectual, político, etc.. Todo lo expuesto, sin entrar en la necedad máxima de subvertir el lenguaje, mediante la forzada feminización de cada frase.
      Espero que sean modas pasajeras, porqué yo tampoco me apunto a este Carnaval.
      Saludos.

      Eliminar
  2. "Por favor, póngame patatas... 'de las de siempre': son marrones, se cultivan en el campo, en la tierra, y tienen sabor." Ya no sé cómo llamar a las cosas en el supermercado o en el mercado, porque el producto que busco ¡se ha perdido entre millones de cartelitos con 'apelido'. Y una patata, ¡es una patata!
    A mí me gustaría que llamáramos a las cosas por su nombre y que esas mismas cosas sirvieran para lo que sirven, y respondieran a lo que se espera de ellas. Ni más, ni menos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Gracias por dejar tu comentario

Entradas populares de este blog

Plumitas

Plumitas Ayer murió mi pájaro. Periquito azul de 5 años. Juguetón y con carácter. Tastador de menús caseros. Crítico ruidoso ante la tele y fervoroso amigo del móvil. Nos conocía a todos de casa y creo que nos entendía. Sin ser manso, accedía a nuestros mimos y encajaba bien mis regañinas.   Fue un regalo de mis nietos para asociarse a mi viejo afecto por esos pájaros. Deriva de mi infancia, cuando tuve una bonita Pitita verde, que emparejé con un bonito macho azul y criaron descendencia que repartí entre amigos. A Plumitas le gustaba casi más estar fuera de su jaula que en su interior. Se acostumbró pronto a salir, merodear por la cocina y entrar a su refugio -nunca encierro- por cualquiera de sus dos puertas. Su casa, donde, además de sentirse seguro, se convertía a menudo en un jolgorio juguetón, tanto dentro como en su terraza exterior. Y nos divertía a nosotros. Sí, tenía sus juguetillos colgantes, sus amiguetes pacíficos y muy parados. Y picoteaba con fruición a un par de per...

Conformidad / Conformismo

Dar conformidad y conformarse son dos actos normalmente positivos respecto de un resultado, sea por la compra de un producto, la prestación de un servicio, la suscripción de un contrato y también por la aceptación de una obligación o disposición legal. Sin embargo, subjetivamente, ambas manifestaciones difieren por sus connotaciones respecto del propósito al que se vinculan. Pues no es lo mismo considerar bien y a gusto el fin recibido -estar conforme- que aceptar su resultado con reservas -conformarse-. Una lectura ocasional me sugiere el tema elegido, al que aporto una anécdota de ficción: Dos vecinos de escalera se encuentran de regreso en el hall de su inmueble, se saludan de costumbre, y -Qué tal José, te noto el ceño algo arrugado, ¿está todo bien? -El caso es que vengo enfadado conmigo mismo, Pedro. - Eso tiene fácil arreglo; desahógate hombre, cuéntamelo. - He recogido el coche del taller, ya arreglado de las rozaduras que llevaba en una puerta y he notado que no había quedado ...

Por unas dosis de templanza

De vez en cuando, sobre todo cuando soy testigo de una escena o evento donde la compostura cívica está alterada, me viene a la memoria el recurso fácil de la cultura cristiana respecto de las virtudes.   Todas, cardinales , ya enunciadas por Platón y posteriormente adoptadas por el cristianismo y otras religiones, cuando de tratar sobre la moral se ocupan, y teologales , esa medicina espiritual para el alivio de la vida terrenal con sus contrariedades, merecen tenerse muy en consideración.   Y de esas otras siete más, las capitales, cuya práctica presupone corregir a sus homónimos “pecados”, que tanto envilecen las conductas desordenadas de los hombres.   De esas catorce maravillas disponibles para un ejercicio moral deseable -y hay algunas más- debiéramos todos, creyentes religiosos o respetables agnósticos, gente de bien o arrepentidos de actos impropios, sentirnos obligarnos a ejercitarlas.   Fue a principios de este verano, durante un encuentro de nuestro primer ...