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De tacos y palabrotas

Quien más y quien menos, algunas veces, suelta un taco . Siempre ha ocurrido y seguirá pasando. Hay ocasiones en que, ante un acontecimiento no esperado, habitualmente ingrato, nos molestamos y recurrimos al desahogo de una palabrota . Muy pocas personas podrán decir lo contrario. No porque no las haya, que puede ser, pero el común de los mortales sentimos la necesidad de una expansión verbal para acoger un disgusto. Ocurre, asimismo, cuando nos sorprende algo positivo que, por esa razón, nos alegra sobremanera, y se nos escapa -o decimos aposta- un vocablo malsonante. Son reacciones plenamente humanas, propias de gente normal, de indistinta formación, ocupación o posición social. Su espontánea alocución, esporádica y coloquial, aún sorprendiendo si no se   tiene relación personal, no molesta comúnmente. Otro juicio merece quien habla “mal” por vicio y lo practica de forma constante; o sea, sus conversaciones están llenas de esas palabras que resultan innecesarias para conformar el...

El feo oficio de la mendicidad

En los años cincuenta del pasado siglo, en algunas ciudades españolas, aún se explicitaba en cartelería callejera el reproche social de la mendicidad. Recuerdo haber pasado yo mismo a diario, camino de la Escuela de Comercio, bajo una placa que rezaba: Prohibida la mendicidad y la palabra soez.   De la primera intimación, mi primera adolescencia sentía a menudo disgusto y lástima. Pensaba en lo degradante que era considerar a una persona ser mendigo o pobre de solemnidad, como se decía.   Todavía entonces se arrastraban penurias de pobreza manifiesta presentes en la vida de esos seres que habían constituido la mayor parte de nuestras poblaciones y que tras una dura edad media aún se prolongó en la moderna. Y, lamentablemente, perdura en grandes áreas de la humanidad. Ahora, en este veloz siglo XXI, esta edad que los historiadores quieren denominar “mundo nuevo”, tenemos entre nosotros a nuevos mendigos . Esos aprovechados que ofician la mendicidad profesionalizando la del pers...

Las mentiras ya no acrecen la nariz

De mucho tiempo y lugar siempre se ha corregido a los niños que si decían mentiras se sabría seguro, porque les crecería la nariz. Conocida la vulneración de la verdad, si había razón severa, era costumbre acompañar la réplica con la advertencia de confesión sacerdotal y, si procedía anticipo de penitencia, aplicar un castigo de privación de cosa muy deseada. En las excursiones y sus cánticos infantiles, entonces y más tarde también, nunca ha faltado el popular “Vamos a contar mentiras”, aquel de …por el monte la sardina, tralará, tralará… como desahogo y chufla al requiebro de mentir.   Las mentirijillas y pequeñas trastadas podían considerarse de menor enfado y se solían responder con consejos de sus mayores venidos a ese cuento, aprovechando así abundar en la instrucción racional del menor. Pinocho, ese muñeco conocido como el icono de la mentira por excelencia, tiene presencia doméstica y es recurso gráfico habitual en todo el mundo. Públicamente, añadiendo largura al apéndice ...

Los Tontos y el Conocimiento

Antes se decía que si los chicos sabían mucho y, algunos, de todo, eran muy listos; pero los menos listos no eran tontos , estos eran otros.   La palabra conocimiento se aplicaba de otro modo que ahora. Se hablaba de que ese chico tenía poco conocimiento, no porque fuese poco instruido, sino porque hacía cosas fuera de lugar. Por contra, si las hacía como un mayor, o sea maduras y firmes, era que tenía mucho conocimiento y si era muy aplicado en la escuela, llegaría lejos. Ahora, al saber se le llama Conocimiento . Actualmente nos da por cambiar los nombres a todo y así a un conteo estadístico humano de grupo se le dice “de rebaño”, con desprecio para los corderos de Pascua y los pavos de Navidad.   Las empresas modernas han bautizado a la Formación como el Talento ; al Departamento de Personal se le llama de Personas y a su primer ejecutivo CEO . Fabrican productos sostenibles y tratan de quedar bien con el entorno social porque se sienten con responsabilidad reputacional....

Cita con un próspero futuro próximo

Las gentes, estos primeros días de enero, gustan felicitar a sus congéneres el año estrenado. Es como expresar el deseo de tener todos la suerte a favor durante los próximos 365 días.   Se trata de una costumbre mundial y objetivamente positiva que hermana a las personas de buena voluntad en el propósito de vivir en felicidad. Después, la realidad del diario acontecer nos traerá el reparto cierto de nuestra ventura que, ojalá, colme a la mayoría. Mientras el año que se ha ido lo fue por viejo, al que nos llega cual bebé en canastilla, le llamamos año nuevo. Así, nos parece que dejamos atrás los malos acontecimientos, generales o individuales, que tuvimos en el anterior y que el comienzo del recibido está limpio, vacío y bien dispuesto a tener bonanzas, premios y loas merecidas o afortunadas.   Es decir, que vamos a gozar de un desarrollo paulatino de bienestar y progreso, consiguiendo alcanzar aquellos deseos que todos aspiramos. O sea, hacemos gala de una inversión decidida e...

Un poquito de Navidad, por favor

Acostumbro a caminar con frecuencia por mi ciudad. Suelo alternar mis recorridos por diferentes calles y sus barrios. Lo hago a distintas horas del día y en cualquier fecha. Observo movimientos, actitudes personales y circunstancias de la convivencia urbana. De tal observación y desde la perspectiva del tiempo que tengo vivido, puedo tener una determinada comprensión de cómo cambian las costumbres y derivan las conductas en el modo de entender y practicar ocupaciones y eventos presentes en nuestra existencia. Pues, mediado ya este ingrato, por frío y encarecido, diciembre, vengo regresando a diario a mi casa sintiendo desafección del paisaje urbano recorrido.   No ya de la impresión que produce el desaguisado urbanístico operado en los últimos meses, o la suciedad acumulada que, por demás, cubre todavía la hojarasca otoñal fruto del peleón viento habido, que también. Llego con pena de no haber apreciado en el ambiente general muestras suficientes de encontrarnos en fechas muy próxi...

Incómoda publicidad invasiva

¡Qué respiro! Ya hemos pasado el black Friday y su repicón el cyber Monday. Por fin -o de momento- obtenemos un poco de sosiego comercial para nuestra vista y oído.   Veremos si mucho, porque tenemos encima la precampaña navideña y asusta pensar en la invasión de nuestros hogares de imágenes y consejos de sobrenaturales perfumes y silencios clamorosos de coches eléctricos en oferta especial. ¿Qué sería de nosotros, todos, sin la publicidad? Esa ciencia, arte o técnica, según preferencias, que en ayuda o con venial trampa, nos acogota gusto y gasto a diario y de la que nos sentimos siervos de señores dominadores del preciso consumo y gaseoso bienestar. Algo sé del tema desde que estudié con el libro Publicidad Combativa (Ed. Labor, 2ª Ed, 1.959) una obra de apretado texto a lo largo de sus 467 páginas y con solo 4 láminas a color, cuyo autor ,Pedro Prat Gaballí, es considerado “Padre de la Publicidad española” En los tiempos actuales los criterios y necesidades de productores y v...