¡Qué respiro! Ya hemos pasado el black Friday y su repicón el cyber Monday. Por fin -o de momento- obtenemos un poco de sosiego comercial para nuestra vista y oído.
Veremos si mucho, porque tenemos encima la precampaña navideña y asusta pensar en la invasión de nuestros hogares de imágenes y consejos de sobrenaturales perfumes y silencios clamorosos de coches eléctricos en oferta especial.
¿Qué sería de nosotros, todos, sin la publicidad? Esa ciencia, arte o técnica, según preferencias, que en ayuda o con venial trampa, nos acogota gusto y gasto a diario y de la que nos sentimos siervos de señores dominadores del preciso consumo y gaseoso bienestar.
Algo sé del tema desde que estudié con el libro Publicidad Combativa (Ed. Labor, 2ª Ed, 1.959) una obra de apretado texto a lo largo de sus 467 páginas y con solo 4 láminas a color, cuyo autor ,Pedro Prat Gaballí, es considerado “Padre de la Publicidad española”
En los tiempos actuales los criterios y necesidades de productores y vendedores ya son otros. Nada que ver, por tanto, con la aparición de aquellas simpáticas viñetas que promovían ungüentos de crecepelos o las cuñas radiofónicas del suculento cacao soluble.
Y tampoco los deseos, expectativas, preferencias y disponibilidades de los consumidores y su conocimiento comercial o entrega al gasto, son lo mismo. Al contrario, son muy diferentes. Hoy ya no rige apenas lo de “el buen paño en arca se vende”.
La evolución habida hacia la publicidad colorista tridimensional, trepidante y ya con IA, ha sido, reconozcámoslo, impresionante, magnífica y seductora. De ahí que nos sintamos sometidos a ella.
Lo de la mercadotecnia o márketing es algo que engloba muchos ingredientes hoy imprescindibles para comerciar con éxito. Pero tengo para mi que la Publicidad, quedando dentro de aquel concepto, es su esencia fundamental.
Sin embargo elijo hoy criticar el abuso publicitario que se ha instalado en nuestra vida y enturbia algunos momentos de sencillo placer doméstico o la que trastorna inoportunamente el ritmo laboral o familiar en horarios intempestivos.
No es de recibo que se perturbe la armonía y satisfacción de las comidas con llamadas telefónicas comerciales con la excusa de ser la hora de encontrarte en casa. Comunicaciones no deseables que enrarecen el diálogo y proscriben el interés de comprar.
Resulta impertinente interrumpir un programa televisivo o pase cinematográfico cada dos por tres o, peor aún, hacerlo a 5 minutos del final, cuando normalmente pasa lo mejor, y poner 7 de publicidad. O que el presentador del programa se interrumpa de improviso y divulgue un anuncio publicitario.
Se explica bien dedicar ese tiempo para visitar el cuarto de baño. Como descaro es estar viendo una TV de pago y tener que tragarte un anuncio antes y después de la emisión. Eso es invitar al consumidor a buscar una alternativa donde ver proyecciones netas.
Luego están las campañas y sus llamadas ventajas comparativas, donde preside el precio y la pelea comercial por colocar lo mismo, sin que sirva de nada al cliente la libertad de competencia pues los productos son similares y el costo equivalente. Queda la calidad del servicio y éste no excusa a menudo al denostado monopolio.
La publicidad es la financiación de las Cadenas abiertas, y se comprende perfectamente. Pienso, no obstante, que fabricantes y publicistas deberían replantearse el modelo publicitario que se practica actualmente -cada cual en su área- revisando a fondo si su importante presencia en costes de ventas justifica ciertamente la eficiencia pretendida. Los consumidores ganaríamos en calidad general de vida y, presumiblemente, menores precios.
Bien por artïculo una semana más,felicidades
ResponderEliminarSólo hemos vivido el comienzo de la "Campaña de Navidades", dentro de la publicidad que nos espera soportar, y ya estamos hartos.
ResponderEliminarEs abusivo el descaro con el que las cadenas televisivas nos obsequian con una avalancha de anuncios, que acaparan más tiempo que el propio programa en el que se apoyan. Pasa igualmente con las interrupciones que soportamos durante el horario de comidas, procedentes de compañías de servicios eléctricos, gas, teléfonos, etc. Basta ya !!!
Creo recordar que, en su día, los gobiernos, ya dictaminaron la duración màxima de la inserción de anuncios dentro de cada programa en las T.V's, pero dudo de que nunca se hayan puesto en práctica.
En cuanto a las llamadas telefónicas intempestivas, el mejor remedio que he encontrado, es descolgar el aparato durante el horario de las comidas.
Abrazos y hasta pronto.
Haces un 'buscar' con el móvil o el ordenador y, a partir de entonces, te asalta la publicidad en cualquier página a la que entras, sobre lo consultado una vez. Enciendes la TV y cortan la peli que ves con 7 minutos de publi. Lees un diario o revista, y al lado del artículo de interés, hay un recuadro publicitario. Escuchas cómo cantan un gol en la radio y éste está patrocinado por la publicidad de una marca. Vas al cine, pagas por ver una película, y antes de hacerlo, has de 'chuparte' anuncios también.
ResponderEliminarEs necesario convivir con la publicidad porque gracias a ella 'conocemos' las 'cosas'. No podría vivir sin ella. Pero ¿porqué no Medir mejor su presencia y su efecto y efectividad? Seríamos más felices y dejaría de verse como algo nocivo o, simplemente, molesto.
Estoy completamente deacuerdo con las ideas que has expuesto respecto a la publicidad. Sin embargo, me parece curioso, su inexistencia en la cadena pública que pagamos todos los españoles.
ResponderEliminarTambién es cierto que un buen anuncio, bien explicado, con buen criterio y buen gusto, es de agradecer, simplemente por el placer de verlo. DON DINERO, mueve el mundo y la publicidad es ejemplo de ello.