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Nostalgia y contrariedad del 78

Se encuentran a menudo en el mismo bar, desde hace mucho tiempo. Les gusta sentarse al fondo, frente por frente, en dos hileras, entre mesas pequeñas unidas en número según los que acuden a la cita.   La camarera, que es también patrona junto a su hombre, que rige la barra, los acomoda cerca de la cocina y los aseos, en un espacio tranquilo, lejos de las charlas de otros clientes del local. Se conocen bien, no en balde han compartido años profesionales que, por su extensión, han derivado en una amistad de calidad, de la buena. El grupo es de un perfil variopinto, hay de todo, hombres y mujeres, bien formados e instruidos y de moral muy solvente. Esta gente sabe de lo que habla y suele opinar con conocimiento de causa, difícilmente yerran en sus reflexiones, agudas, crudas o felices, siempre aderezadas de respeto y objetividad. No ahorran alabanzas o críticas y muestran precisa consideración si conviene. Su historia personal y su currículo profesional está apelmazado de experiencias...

Un símil de terapia frente al anual advenimiento

Sea lo que ocurra y venga lo que pase, caídas estas primera hojas del mes primo, ya pueden recordarse aquellas cantinelas infantiles que vinieron a definirse como los cuentos de nunca acabar .   ¿Les suenan algunas, como la que empieza " José se llamaba el padre, Josefa la mujer y tuvieron un hijito…” o aquella de “en un charco había una mosca…” Pues bien, de los cariñosos saludos y bienintencionados mensajes que nos damos para el año nuevo, sinceros o protocolarios, deseando prosperidad y cosas buenas para todos, y de los propios propósitos de enmienda que nos damos, ya se está encargando de filtrarlos la cierta rutina de cada día. Vengo a decir que la historia -el cuento- de cada principio de año se va a ir repitiendo siempre , ni más ni menos que por ser la esencia de un deseo humano permanente de superarnos en el bienestar y, sabedores de nuestras flaquezas, obviando el natural infortunio del coste de vivir que, sin paliativos, nos hace claudicar.   Un claro reflejo lo en...

Ilusionarse puede resultarle barato, pero sea cauto

Venimos y estamos subsumidos en un mundo globalizado y, respecto de importantes aspectos de la vida social, otro de ámbito particular nacional, subsistiendo así dentro de un envoltorio cáustico que nos aborrece soportar. Desde esta contrariedad, fruto de la pérdida de estímulos y satisfacciones bien adquiridas, estamos comprobando a diario una suerte de despropósitos respecto de órdenes y sentido de la vida en común deseables, que confunde y hiere a las buenas voluntades.   Por eso creo que la mayoría de biempensantes anda chamuscado en conciencia y deseando, o sea invirtiendo en ilusión, cambios y/o mejoras con que revertirla. Y nunca mejor que ahora, en estos días finales del año, apostar a todas las suertes asequibles, algo más que algunos gramos de esperanza y optimismo, en que nos toque algo positivo en breve. Puede ser la Lotería del Gordo, la del Niño, el sorteo del Cupón y otras rifas especiales de clubes o tómbolas escolares y comerciales, tan abundantes en la época navide...

Instalados en la inseguridad

Va para cincuenta años que aquí nos dijeron que vivir en Democracia significaba gozar del derecho fundamental de ser libres e iguales. Que la seguridad requerida para su garantía no se vería afectada, a cambio no más allá de un precio justificado y asumible. Sendas conclusiones eran aseguradas por la experiencia de comunidades humanas ya consideradas democráticas tiempo ha. También, la totalidad de manifiestos y protocolos políticos que se han dado en el mundo, citan con cierta pompa el crédito de la libertad. Reflexiones como “mi libertad termina donde empieza la tuya” muy estimadas por todos y lamentablemente en vía del olvido general, nos han hecho de la ilusión y su primer disfrute, ensoñaciones de un tiempo pasado. La aspirada libertad, recantada y exhibida machaconamente por doquier, se ha ido diluyendo y más bien se está quedando en “in lio témpore”, es decir, transitoriamente, o en una alargada transición, tenue ya y en preocupante liquidación.   No me negarán que las cámar...

EL secante desenfreno nacional de los precios

Leo, oigo y veo con estupor, pero sin sorpresa por reiteradas de forma cansina en los medios de comunicación, muchas noticias donde la actualidad de las dolencias económicas sociales más sensibles -sino todas- clama por tener una explicación comprensiva de la otra guerra, esta incruenta, en la que estamos siendo derrotados todos cada día un poco más. Y cito lo de otra guerra porque siempre está siendo la de Ucrania la excusa argüida para (mal) justificar los desmedidos encarecimientos de las cosas de comer, beber y toda la lista de la compra que sostiene y trata de dignificar nuestras vidas. Añado lo de nacional porque aquí no se salva nadie ni ninguna (cosa) de verse elevada a una cúspide porcentual nunca conocida en tan poco tiempo. Y, sin embargo, no es (tanto) internacional pues han debido intervenir hados en otros lares que a nosotros nos ningunean. Así, nos cuenta una gacetilla que los alimentos acumulan 25 meses seguidos de incrementos y ya son un 31,6% más caros que antes de la...