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Ilusionarse puede resultarle barato, pero sea cauto

Venimos y estamos subsumidos en un mundo globalizado y, respecto de importantes aspectos de la vida social, otro de ámbito particular nacional, subsistiendo así dentro de un envoltorio cáustico que nos aborrece soportar. Desde esta contrariedad, fruto de la pérdida de estímulos y satisfacciones bien adquiridas, estamos comprobando a diario una suerte de despropósitos respecto de órdenes y sentido de la vida en común deseables, que confunde y hiere a las buenas voluntades.   Por eso creo que la mayoría de biempensantes anda chamuscado en conciencia y deseando, o sea invirtiendo en ilusión, cambios y/o mejoras con que revertirla. Y nunca mejor que ahora, en estos días finales del año, apostar a todas las suertes asequibles, algo más que algunos gramos de esperanza y optimismo, en que nos toque algo positivo en breve. Puede ser la Lotería del Gordo, la del Niño, el sorteo del Cupón y otras rifas especiales de clubes o tómbolas escolares y comerciales, tan abundantes en la época navide...

Instalados en la inseguridad

Va para cincuenta años que aquí nos dijeron que vivir en Democracia significaba gozar del derecho fundamental de ser libres e iguales. Que la seguridad requerida para su garantía no se vería afectada, a cambio no más allá de un precio justificado y asumible. Sendas conclusiones eran aseguradas por la experiencia de comunidades humanas ya consideradas democráticas tiempo ha. También, la totalidad de manifiestos y protocolos políticos que se han dado en el mundo, citan con cierta pompa el crédito de la libertad. Reflexiones como “mi libertad termina donde empieza la tuya” muy estimadas por todos y lamentablemente en vía del olvido general, nos han hecho de la ilusión y su primer disfrute, ensoñaciones de un tiempo pasado. La aspirada libertad, recantada y exhibida machaconamente por doquier, se ha ido diluyendo y más bien se está quedando en “in lio témpore”, es decir, transitoriamente, o en una alargada transición, tenue ya y en preocupante liquidación.   No me negarán que las cámar...

EL secante desenfreno nacional de los precios

Leo, oigo y veo con estupor, pero sin sorpresa por reiteradas de forma cansina en los medios de comunicación, muchas noticias donde la actualidad de las dolencias económicas sociales más sensibles -sino todas- clama por tener una explicación comprensiva de la otra guerra, esta incruenta, en la que estamos siendo derrotados todos cada día un poco más. Y cito lo de otra guerra porque siempre está siendo la de Ucrania la excusa argüida para (mal) justificar los desmedidos encarecimientos de las cosas de comer, beber y toda la lista de la compra que sostiene y trata de dignificar nuestras vidas. Añado lo de nacional porque aquí no se salva nadie ni ninguna (cosa) de verse elevada a una cúspide porcentual nunca conocida en tan poco tiempo. Y, sin embargo, no es (tanto) internacional pues han debido intervenir hados en otros lares que a nosotros nos ningunean. Así, nos cuenta una gacetilla que los alimentos acumulan 25 meses seguidos de incrementos y ya son un 31,6% más caros que antes de la...

¿Cómo está usted de apegos?

En el lenguaje particular de nuestras interacciones personales, usamos regular y reiteradamente un común de palabras que entran, se quedan, y salen dando espacio a otras luego, para dar forma a nuestras sensaciones y opiniones, o a la narrativa de algo, personalizando nuestra manera de hablar. Recientemente, escuchando a un ilustrado conferenciante, sentí una cierta emoción oyendo la palabra apego . Hacía tanto tiempo que no la oía, ni leía, que me parecía   despertar de una ensoñación. Pensé, ha vuelto y la recupero. Me remontaba a tiernos años infantiles, a mi madre, y no solo por ese vínculo o sentimiento de seguridad maternal que supone el apego, sino por el uso calificativo con que solía utilizarlo. Recuerdo que a alguien alejado del cariño familiar le decía “desapegado”. He buscado actualizarme sobre el apego y estoy sorprendido de lo mucho que se escribe y publica entre los profesionales de la psicología. He oído algunos podcast, incluso. Pero la mayoría hablan sobre todo de...

Obesidad y más

Muchas veces pienso si los resultados esperables de la relación entre la evolución natural, el ejercicio intelectual y la búsqueda de la excelencia personal, características del deseo humano para seguir aumentando   diferencias con el resto de seres vivientes, realmente son consecuentes   con la coherencia de una racionalidad deseable. Esas condiciones son comunes para la especie, pero la cognición, de inicio, es un enigma que se irá desarrollando como una esponja que absorbe todo lo que la observación de los sentidos le aporta, con sus vericuetos, bondades y malicias de los otros y jugarretas del destino, conformando las conductas. Si al desarrollo de nuestra especie, con avances científicos constantes que aportan soluciones a deficiencias de vida anteriores y mejoras en la calidad de la existencia con el disfrute de nuevos medios al alcance de más personas en el mundo, añadimos comportamientos, digamos un tanto prescindibles, apoyados en modas pasajeras o apreciaciones hueca...

Despidiendo a un gravoso verano

Hubo un tiempo en que los veranos diferían poco de año en año. Lo habitual y reiterado era la recolección agrícola, la vacación escolar, el ferragosto de las fábricas, el quisquilloso estío de los Rodríguez, los baños de playa y piscina, las meriendas al aire libre, el montañismo aficionado, la vuelta al pueblo y, más recientemente, los viajes al cercano mundo desconocido. Y en ese tiempo de estación calurosa la naturaleza tenía asimismo las gracias y los contratiempos lógicos de los ciclos periódicos que nos traen sus elementos.   Lo normal eran los juegos infantiles libres a todas horas, la exposición al sol para coger color de moreno de piel, los bailes a la luna. Pero también teníamos tormentas de granizo, incendios forestales, tráfico insensato y muchos turistas. Y quedaba atrás -hasta septiembre- el trabajo ordinario, el colegio, reparar aquel aparato estropeado de casa, volver al gimnasio, hacer dieta y ahorrar. Era el tiempo de disfrutar todos; la mayoría, claro. Se ha vuel...