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Entradas

Cerrado por Vacaciones

Algo ha cambiado en mi barrio esta primera semana de agosto. He bajado a la calle, a la hora aproximada de otros días, y he notado más tranquilidad, menos movimiento que antes del último fin de semana.   Como si la tímida reentrada del mes pasado en la normalidad suspendida hace casi año y medio, hubiese reculado. Me acerco a la panadería de mi costumbre y tiene el exterior cerrado. Opto por dirigirme a la franquicia instalada más próxima y puedo, menos mal, conformarme ad hoc con un pseudo-croissant. De regreso, paso por la Ferretería donde pretendo adquirir una bombilla para sustituir la que tengo fundida hace dos días. ¡Oh, sorpresa!, aún está sin abrir el establecimiento; hay un cartelito pegado en medio de la persiana primorosamente grafiteada, reza: La contracción y repliegue ocasionado por la pandemia de nuestras malicias ha propiciado que la gente, hastiada de encierro y deseosa de volver al ancho mundo geográfico, haya decidido tomarse unos días de entretenimiento y relax...

Sombreros en verano y también después

Me encanta pararme delante del escaparate de las buenas sombrererías. Enseguida, los ejemplares elegantemente expuestos me trasladan al recuerdo de un viaje, a la lectura de un libro, al sabor de un evento o al aprecio de aquella persona conocida que lo portaba.           Me identifico rápidamente con el señorío de su prestancia y el encaje perfecto con el personaje y su entorno, época y ocasión. Así que me produce un cierto recreo emocional. Mi propósito aquí no consiste en describir al sombrero sino en dedicarle unos párrafos al interés, provecho y conveniencia de su uso y al apoyo a quiénes gustándole, por ser cohibidos o timoratos, dudan del parabién de los demás y optan por no ponerse un sombrero. Un día, estaba esperando entrar en un comercio y   se puso detrás de mi una señora no tan joven. Yo iba cubierto -como acostumbro- y la amable señora, previa disculpa por hacerlo, me dijo “Está Ud. guapo con ese sombrero, le sienta estupendamente”. Seguro que...

Deseable sostenibilidad

Hasta no hace mucho lo sostenible solía ser algo que se podía   sostener -de aguantar- retener o sujetar para no caerse. Un niño o un objeto de cuidado requería de alguien o algo con adecuada sostenibilidad. También se empleaba como sinónimo de conservar, mantener, durar y hasta de reforzar una afirmación. Recientemente leí una publicidad donde un banco ofrecía créditos “sostenibles” y me asaltó la duda de si se trataba de   dar una financiación para siempre y si tal condición significaba no tener que devolver el dinero prestado. Evidentemente no era eso. Ahora es frecuente, diría que asfixiante, ver en los paquetes de productos de consumo más corriente, en la publicidad corporativa de grandes empresas, en la manifestación redundante de los políticos, en facturas, correspondencia, folletos, cartelería callejera, que “todo” debe ser sostenible.   Sin duda, el adjetivo sostenibilidad, simplifica perfectamente el propósito de conservar procurando no se agoten, ni provocando...

Nuestro buen amigo -o dios- el fuego

Tomo el tema para mi reflexión en el rincón de expresión de hoy de la reciente celebración de la noche de San Juan que, además de testigo del solsticio de verano y pasar por la más corta del año, tiene también ser la del culto popular al fuego . Desde la antigüedad conocida más remota y por una constante presencia cultural en la vida humana hasta recientes siglos, una sumisa devoción al dios fuego sentida por gratitud y temor, ha posibilitado la evolución más favorable del ser humano.   El fuego ha formado junto al agua, el aire y la tierra, los cuatro elementos naturales de nuestra existencia. Alineando así los tres de esencial presencia permanente con el que había de transformar especialmente los modos de vivir de nuestros ancestros. Dominar la creación y conservación del fuego propició alimentarse de forma más nutritiva, combatir el frío más allá de las vestiduras y fabricar útiles eficaces para la defensa y el trabajo. Conseguir producirlo debió ser como gozar emulando a una fu...

Exámenes; los duros días de Junio

Los exámenes de fin de curso suponen el último empeño en el estudio y preparación de las materias cursadas durante los nueve o diez meses anteriores, al tener que demostrar su aprovechamiento y dejar acreditada la capacidad de seguir adelante. En el ambiente escolar y universitario junio es un mes relevante. Me atrevo a decir que para una mayoría de estudiantes puede ser incluso ingrato. Y también ha de ser el feliz final de un esfuerzo. Siempre habrá quiénes se mofen de la preocupación que suele suponer pasar los exámenes favorablemente, bien por saberse ya aprobados, bien, por contra, haber renunciado a superarlos.   Aunque creo que todos sentirán -o hemos sentido- algún tipo de ronroneo intestinal a propósito de encararlos. Estas pruebas escolares que atañen a todos los estudiantes, tanto en la enseñanza obligatoria como en la superior, son las primeras que plantean a los niños y jóvenes la demostración por sí mismos del saber instruido. Y serán preámbulo de las que deberán segu...

Defectos a montones

Cuando nos referimos a cualidades y virtudes solemos opinar positivamente, puesto que tales condiciones de comportamiento responden a actos bien vistos socialmente. Al contrario, si nuestro juicio resulta negativo u opuesto al hecho analizado, enseguida lo calificamos de defecto . Este vocablo es normalmente generoso en la manifestación, aunque vaya algo afeado en la intención. Se tiene también asimilado a la carencia o la imperfección de las cosas y actos personales que se esperan correctas   aquéllas y de buena conducta éstos. Citar los defectos de algo o alguien puede servir para calificar cuestiones o propiedades no deseadas; para mostrar oposición al resultado de algo; para rechazar una relación personal. Un defecto también es una falta, una tara, un fallo. Resulta desagradable y puede suponer ingratitud tildar de defecto lo que es sencillamente una carencia natural o accidental de cualidades, sobre todo si corresponden a seres naturales, o se refieren a cosas que cuentan con...

Virtudes a la carta

Querida Laura: Con algún reparo de osadía acojo tu propuesta de expresarme sobre un tema tan sugerente, al tiempo que profundo, sobre virtudes y defectos. Me animo con las primeras ahora para dejar los segundos esperando el tiempo de un próximo artículo. Recientemente asistí a una conferencia en línea sobre “liderazgo empresarial” (Alumni UB) donde uno de sus ponentes me sorprendió favorablemente al entroncar en positivo su exposición con las virtudes cardinales. Por mi experiencia como observador interesado en la actividad de muchos   líderes, estuve totalmente de acuerdo. Para nuestra cultura y su conocimiento tenemos presentes hasta siete virtudes de referencia, entre cardinales y teologales (*). De ellas y otras derivadas o asimiladas, se encuentra recogida abundante información en sitios de consulta de fácil alcance. Sobre la tenencia o práctica de las virtudes humanas , bastaría decir se trata de los comportamientos presididos por un recto modo de proceder . Esas acciones per...