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El dolor, la malquerencia más humana



Por un proceso degenerativo silente y largo, el dolor se ha instalado en mi vida. Seguramente ha entrado, además de sin llamar, cansado de esperar. Y sin enterarme que llegaría a tener, ademas, una importante lesión como sumatorio de algunas incidencias óseas padecidas y artrosis originada en tanto tiempo de existencia.


Por eso vengo a escribir aquí sobre el dolor. Esa sensación dañina que asalta la normalidad corporal natural de los seres humanos en general, por ser común a cualquiera que sea el lance de salud acaecido. 


Y aclaro ya que no desmerezco el sentimiento de dolor que puedan tener los demás seres vivientes. Pues, aún sin poder manifestarse, muchos dan prueba de su malestar, si lo sufren.


También digo que es corporal en cuanto que su manifestación se produce en tanto sea física o emocional, es decir, notar una molestia o sufrir una aflicción, pues así se le reconoce cuando el padecimiento lo es por pena o congoja.


Los tipos de dolores obviamente siempre son molestos -dolorosos- y, por tanto, malos, para los dolientes, y a veces también para sus cuidadores. Y no vale para quienes se duelen -o mueren de risa- por mala causa de otros.


Significativamente, se da el caso que un gran Dolor se convierta en un nombre propio, derivado de una admonición religiosa. Y hasta si gusta, el de una copla.


Ciñéndonos al tema, el dolor como tal, está presente, en lugar predominante como sensación ingrata, en múltiples ocasiones de nuestra vida. Son molestias que, menores, como de una torcedura o un dolor de muelas, o mayores, de las dolencias derivadas de una enfermedad lastimosa.


A su vez, temporalmente, puede considerarse de duración limitada o crónico. Y es normal se tenga por imprevisto, sobrevenido e indeseado, porque, lógicamente, nadie lo quiere tener, a todos nos gusta que se marche por la curación del mal y la mayoría nos cuidamos poco de evitarlo, cuando se puede.


Además de las lamentables excepciones de la temprana aparición de algunas enfermedades crónicas en personas jóvenes, cuando el dolor se queda dentro para siempre, y también cuando se manifiesta entre las personas mayores aquejadas de desgaste físico natural, ese dolor pasa a ser como “nuestra circunstancia” (del yo).


Entonces, aparece la necesidad de adoptar y adaptarse a las limitaciones que tal convivencia requiere, con mayor o menor exigencia de medios y medidas exigidas por el imperativo de llevar una vida digna, aún debiendo ser ayudada.


El principal ejercicio a realizar es el de la consciencia. Tomar el estado nuevo como el que toca tratar, resolver y asumir. Plantearse y decidir qué es lo más adecuado hacer. Optar por un nuevo rol, creértelo y practicarlo.


Lo conveniente no es renunciar de entrada, sino convencerse que también en la nueva situación, de movilidad, de dieta, de programa permanente de salud, de hacer, o no hacer algo, hasta de sustituirlo por esa otra cosa que podría llevar a cabo y que nunca pude o supe decantarme. Es decir, cambiar de vida.


La renuncia en esta valoración, es sana y caritativa, porque se ajusta a hechos reales e inamovibles. Su conveniencia es meritoria y “saludable”, y debe ser entendida como solución aplicada a un problema que, sin otra alternativa, puede acarrear otra dolencia ¿psicológica? que arrecie sobre la otra.


Hasta aquí, todo parece me haya querido referir a sensaciones de los dolores del cuerpo. Pero bastante de lo dicho vale también para los otros sentimientos molestos para el espíritu, para el alma, diríamos algunos, para el sentido de la razón, de la cordura, del afecto y del amor. Esos que empañan ojos y provocan desasosiegos, a veces por mucho tiempo.


Cuidémonos la salud, cumplamos reglas y consejos médicos, prevengamos la aparición de enfermedades, preveamos los achaques de la vejez, sin dejar de disfrutar de todo lo merecido y de posible alcance, salvado su momento.



Sí a Ud., estimado lector, le apetece considerar algunas reflexiones y directrices aconsejables al respecto, le dirijo a este enlace, que he encontrado “on line”: 

https://www.nia.nih.gov/espanol/dolor/dolor-usted-puede-obtener-ayuda 





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