Estoy instalado en un proyecto personal de objetividad, que me suponga asimilar planteamientos y conclusiones sobre los resultados de un principio subjetivo mayor que dicen llamarse “el punto de vista de cada cual”.
Porque no me conformo con las manida excusa de casi todos que, al opinar distinto de lo que manifiestan otros, sobre los mismos considerandos, normalmente actos, valores, opiniones y conductas personales, concluyen el diálogo con un “todo resulta ser según el color del cristal con que se mira”.
Los diferentes puntos de vista, que resulta cabal reconocer en las percepciones de todos los individuos y sus grupos sociales, respecto de acontecimientos ya reales, o sus expectativas, y sus posibles conclusiones sobre deseos y esperanzas por cumplirse, son un producto natural de la capacidad que tenemos los humanos en el cerebro, que actúa de filtro selectivo individual para, mezclando sensaciones e historia archivada, así se determinen.
Hacía mucho tiempo que yo no había oído ni dicho, quizás por no requerirse, la frase del título de este articulo, concretamente: “Según mi punto de vista….”
Lo sentí recientemente como olvidado, sustituido por otros más contundentes como: yo creo que; no, yo opino que; para nada; no estoy de acuerdo; será para ti. Es decir, manifestaciones determinantes, impulsivas, y de aseveración de la realidad del sujeto, de su creencia acerca de la verdad.
Y me di cuenta que, también en ciertos posicionamientos actuales, las formas de mirar, la manera de entender la realidad de nuestro entorno, de aceptar el modelo de vida y de cuestionarlo según nuestro cedazo craneal, ha transformado lo que un recatado inicio de intercambio de impresiones se haya podido convertir en un manifiesto concluyente de parecer propio. “Y punto”, o el inicio de una discusión.
He leído algo sobre el tema, poco, antes bastante más -ahora sumo rápido para escribir corto- y me parece bien referirme a eruditos y no solo a mis impresiones personales. Me he encontrado con tantos y sabios pareceres que pueden confundir para Ud., querido lector, mi deseo de hacer aquí una reflexión para su agradecida atención. Porque me temo no salir bien de este laberinto. Sin embargo, voy a ello.
Solo me referiré a la La doctrina del punto de vista, de D. José Ortega y Gasset. Esta teoría argumenta que la verdad y la realidad son demasiado vastas para ser abarcadas por un solo individuo. Según el insigne autor, cada vida y cada época representan un "órgano insustituible" para conocer el mundo; es decir, lo que ve tu pupila no lo ve nadie más, y ambas perspectivas forman parte de una verdad mayor.
Entonces, me rindo ante tamaña acrisolada evidencia y me digo: A mi alrededor, por donde yo voy, paso o estoy, con quienes me encuentro y quedo para hablar, y cambiar impresiones, con idea de poder opinar sabiendo lo que mi interlocutor cree, al ver lo que yo también veo y escucho y simplificando las mínimas diferencias destacables del asunto por insustanciales del fondo, me quedo perplejo de cómo difiere mi pensar de la verdad del otro.
Son frases de nuestros días, las siguientes: Yo no miento, solo cambio de opinión. Eso es cosa de mi empresa, ellos sabrán, yo solo soy el accionista. La realidad depende de la perspectiva y del momento. Y esta no es desde un ángulo o una representación visual, y aquella se atribuye a una credibilidad ¿verdadera? posible y pura si es evidente, sea material, física y tangible.
Si Ud. está viendo o sintiendo lo mismo que yo, si los dos tenemos la misma o parecida formación, conocimiento del mundo y de la vida en tanto en cuanto creemos saber de ambos y compartimos, los dos estamos anclados en una perspectiva natural así única ¿como podemos disentir en lo obvio?
¿Qué emoción, empatía, devoción, religión, doctrina, precio, etc., está confundiendo nuestra verdad mayor? ¿Porqué no podemos aceptar ambos la pura realidad, esa que podría ser vista por todos en el país de los “ciegos”? ¿No estaríamos siendo verdaderos, ademas de tener algunas complacencias personales que no interfiriesen en el deseable bien común?.
Aquí se lo dejo, con mi deseo que disfrute de un feliz verano.

Buen artículo. Un abrazo
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