El beneficio de las nuevas tecnologías y su baratura de uso, propician que las gentes, unas enviando al baúl de los recuerdos los benditos christmas y otras iniciándose en expresar venturas a sus queridos próximos, multipliquen infinitamente sus relaciones.
La llegada de nuevas denominaciones para socializar estas tradicionales fechas, a la moda de lo insulso, y desde un tiempo de preferencias por el protagonismo individual, hace bueno tener más contactos personales estos días y participar de felices eventos.
Es entonces cuando, si nos detenemos a considerarlo, podremos apreciar mejor que el resto del año y quizás por su excelencia de trato especial, cómo nos jaleamos ahora los unos con los otros.
Y eso está bien. Porque las personas necesitamos sentir y transmitir que no somos tan poco considerados con nuestros semejantes como solemos hacer a diario. Que caramba; que es sano querer al prójimo.
Por ello, desempolvamos algunos gestos. Que no solo se trata de gesticular, comunicándonos de un modo más manifiesto y cordial, no. Son (p.e.) el hacer esa llamada telefónica largamente esperada, silenciada durante meses con la mordaza de los whatsapp’s.
Es ese “pasaba por aquí” y he entrado a saludarte después de tanto tiempo. También recrear de algún modo un acto inolvidable, una experiencia feliz pasada. Quizás dar las gracias por un aprecio o pedir perdón por una trastada, que no recordamos haber cumplido.
Sí, verdaderos gestos de cordialidad, de respeto y sincera amistad, más allá de los rituales mundanos, formales e impostados. Esos que te dejan un regusto especial en el ánimo. Esa reacción que no contabas y la saboreas con una mueca labial húmeda de placer.
De hace tiempo, tengo por costumbre felicitar la Navidad a mis allegados de todo orden, con un breve y socorrido mensaje para la ocasión al pie de una fotografía reciente en compañía de mi esposa.
En este año, por haberlo hecho en el anterior conmigo un buen amigo, decidí que la fotografía fuese de toda mi familia; sentía necesidad de reafirmarme en la principal institución a la que me debo.
Y he tenido la maravillosa sorpresa de una sucesión de regustos. He recibido un montón de fotografías de familias enteras de parientes, y de varios amigos y compañeros, algunas inmensas, otras memorables, todas cariñosas.
Lo más importante, amigo lector, lo mejor, es ver y volver a mirar cómo los gestos de felicidad registrados por las cámaras fotográficas dan fe que pervive el sentido y valor de la familia.
Que no es verdad que esté de caída, que seguimos siendo la base de la relación y soporte humanos. Que por mucho que la solivianten algunos, su fortaleza reside en la lógica natural y moral de nuestra supervivencia.
Pido sinceramente que los Reyes Magos, en los que niños y mayores creyentes siempre hemos depositado la ilusión de obtener los deseados favores para seguir teniendo un disfrute mejor de la vida, también se acuerden de todos ustedes.
Si por algún tipo de error informático o tecnológico, les llega carbón, que sea de azúcar, pues por eso de la descarbonización y el buenismo fatalista que nos exprime, negro lo tienen SS Majestades.
Joaquín, después de leer tus apreciaciones, siempre tan acertadas, quiero desearte el mejor de los años, en compañía de tu familia, como te lo mereces.
ResponderEliminarUn abrazo
Los nuevos medios de comunicación han abierto la posibilidad de relacionarnos con más frecuencia y menos esfuerzo que en tiempos pretéritos, a pesar de los aspectos negativos que también presentan. Otro aspecto es la naturaleza de las fiestas navideñas que acaban ahora, pero que, como cada año, nos han brindado la ilusión necesaria para contactar con familia y amistades a las que posiblemente teníamos algo olvidadas. Es la esencia de esta celebración, excluyendo el concepto comercial y lúdico, quien nos induce a participar dando y recibiendo al mismo tiempo, el cariño y la amistad dentro de nuestro círculo de convivencia.
ResponderEliminarGracias por tu felicitación y por tu artículo tan meditado.
¡Feliz día de Reyes! Ayer, anoche, Melchor, Gaspar y Baltasar nos trajeron ya como regalo anticipado tu artículo, para recordarnos que las buenas costumbres tienen que mantenerse porque son las que verdaderamente dan sentido a las cosas. En estas fiestas, en estas fechas, y siempre, quienes tenemos la suerte de tener familia, quizá nos quejemos de la concentración en el tiempo, ¡pero cómo disfrutamos de vernos juntos y sentirnos, no cerca, sino unidos! ¡Feliz Navidad y mucha comunión!
ResponderEliminarCreo que nunca habíamos estado tan”conectados” como actualmente, pero al mismo tiempo tan aislados e incomunicados.
ResponderEliminarUn fenómeno social que según los expertos va in crescendo.
Tenemos los medios para entrar, investigar, cotillear en la vida de los demás. En apariencia de forma gratuita. La segunda parte, sería otra más perversa que no voy a entrar.
Vemos cómo se exhibe sin ningún tipo de pudor, todo tipo de detalles de las vidas ajenas:qué comen, dónde están, con quien, qué compran, cómo visten...
Personalmente, no soy nada partidaria de tal exhibicionismo.
Espectáculo, montaje, aprobación frivolidad,vanidad, tal vez?
Quizás, una mezcla de todo un poco.
La verdadera comunicación va de sentimientos, de emociones …
Poder oir la voz de tu interlocutor, una práctica tan simple y sencilla que está cayendo en desuso a pasos de gigante .
Hemos dejado de recibir felicitaciones manuscritas por correo tradicional cuando se aproxima la Navidad.
Es historia, ya!
Nuestros niños, casi lo desconocen
Las formas de felicitarnos irán cambiando , por supuesto,pero la emoción de descolgar el teléfono y la calidez de oir una voz , se mantendrá inalterable al margen de modernidades.
Un signo inequívoco de autenticidad.
Montse Casas
Días de grandes recuerdos, añoranza de otros en los que éramos más en cada casa y nosotros fuimos primero hijos despues también padres y hoy aunque abuelos, llenos del sentimiento que nos trae la Navidad.
ResponderEliminarFeliz Año Nuevo para todos.
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