Algunas experiencias de estos últimos días me llevan a formar esta especie de pack lingüístico con el que construiré el artículo que sigue. Con el trataré de conciliar necesidades y sus manifestaciones, derivadas de algunas circunstancias habituales.
Parece generalmente aceptado que la prisa es mala consejera, aunque nos olvidemos con frecuencia de esa suerte de aforismo y ahora mismo sea conducta ordinaria entre nosotros.
Por otro lado, la espera, esa paciente -o no tanto- disposición social necesaria para acceder a los servicios más comunes que compartimos los humanos, cada vez se configura como una incómoda dependencia.
Ambas situaciones se suelen emparentar a menudo con el desespero. Ese disgusto que sentimos por las sensaciones, previas y/o posteriores que supone resultarnos de una arbitrariedad.
Debo decir, que tales sucesos tienen su potencial remedio y cuentan con el apoyo de algunas menores virtudes. A la prisa se le puede combatir con la previsión. A la espera, le hace mucho bien la paciencia. Y al desespero, le conviene mucho la comprensión.
Eso sí, en todo caso, deben precisarse esas “terapias” solo excepcionalmente, y entenderse como suave paliativo y no solamente como inconveniencias que conforman a la voluntad y tranquilizan el espíritu, sin justa compensación.
Porque el actor causante del fastidio -razonado- puede tener a su favor la contrariedad involuntaria de la cadena de relaciones a la que estamos sujetos todos. Pero, tampoco merecemos la condición de víctimas propiciatorias.
Y a esos mismos actuantes, honorables semejantes llamados al servicio de todos los demás, también les puede hacer bien otras virtudes menores, o sus homólogas prácticas, como la racionalidad y la sensibilidad, para actos y personas, por estar tantas veces “olvidadas” bajo el refugio de su exclusividad.
Puedo contarles que, en poco tiempo y con algún gasto en observación, he podido comprobar algo y repetido mucho de lo resumido anteriormente. Incluso semejante para espacios, momentos y actores muy diferentes.
En una ocasión llegué anticipadamente a una visita médica debidamente programada y fue atendido 32 minutos más tarde. La explicación recibida, tras excusarse “por defecto” la profesional sanitaria, se justificó con que le gustaba atender bien al paciente y ¡sólo le daban 15 minutos para hacerlo!
Se supone que, a mi hora programada, el paciente anterior debía estar atendido por lo menos un cuarto de hora. La racionalidad del servicio falló y pudo motivar mi desespero; que controlé con una dosis de resignación.
No hace tanto hice un vuelo con la versión “priority” y algo más tarde hice igual para los accesos de un crucero marítimo. En ambos casos falló la diferencia de calidad prometida y comprobé que el público viajero comprendía esa versión como mal menor de la otra estándar. O sea, se imponía la mala espera injustificada. Y se dio el desconsuelo frente a la mascarada comercial.
Y si Ud. recuerda gestiones propias y busca comparaciones amigas, convendrá que es habitual y se acepta de mala gana, y aumenta a diario, esa postura victimista de conformarse “con los tiempos que corren” ante tantas prisas de acabar los encargos, tantos retrasos (esperas) de las entregas y esa atención desconsolada al cliente, que responden -mal- a las necesidades vitales de hoy.
Como no se si Ud. tiene prisa ahora mismo, dejo aquí mi artículo, más breve de lo que acostumbro, para compensarle algún minuto de lecturas anteriores, me disculpo si lo esperaba la semana anterior y le ofrezco un abrazo de consuelo a cuenta de aplacarle la próxima pataleta que pueda sufrir.
Buenas reflexiones, si señor
ResponderEliminarMuy bueno Joaquín. Real como la vida misma, tendremos que seguir aplicándonos el aforismo de, que es el tiempo que nos ha tocado vivir.
ResponderEliminarCarlos Y.
Como siempre tienes toda la razón.Tu esperiencia la he sufrido yo en bastantes ocasiones.Gracias por acordarte de mi
ResponderEliminarCuanta razón hay en tu escrito. Vivimos en un mundo lleno de sinrazones y contradicciones que a mi me causan estupor.
ResponderEliminarHola Joaquín. Esperaba tu artículo, habitualmente quincenal, la semana pasada, pero la espera ha sido compensada con las reflexiones que nos expones hoy, ciertamente compartidas entre tus habituales lectores.
EliminarLas prisas en nuestro mundo actual, son parte del sistema operante, consecuencia de la búsqueda de efectividad en la mayoría de nuestras consultas y encargos. La reacción personal puede ser de enfado si se prolonga la solución de nuestra demanda, aunque procurando no incurrir en un estado de desesperación
Todo ello, aceptando la idea de que existen casos justificados para obrar con la mayor comprensión, aceptando posibles demoras.
Gracias por tu artículo y hasta pronto.
Enric.
Muy bueno y con cierta chispa de humor.
ResponderEliminarMe ha gustado
Mu bueno y con una chispa de humor.
ResponderEliminarMe ha gustado.
Acertado texto, que compartimos muchos de tus amigos. Vivimos desde hace años en el mundo de la inmediatez y eso crea mala costumbre.
ResponderEliminarPero ahí estás tú, para hacernos ver los pros y los contras y aplicado a nuestro vivir diario. Gracias una vez más.anna
Algo de cordura en la organización, en el 'previo', en el origen de las cosas, daría lugar a menos desesperación, menos retrasos y más aceptación. Creo firmemente en que es mejor 'dar más tiempo' para ocuparse de las cosas, por muchos motivos: para hacerlas no bien, sino mejor; para dedicarles el tiempo que merecen; para no acostumbrar a un tiempo y calidad correctos pero no excelentes; y para que, si se puede conseguir hacer en menos tiempo, la sensación sea positiva. A veces se puede y a veces no. Pero si desde un inicio no se plantea así, se ajustan en excesos los tiempos, las atenciones, los temas, las intervenciones o la dedicación, normalmente el resultado será de decepción, inadecuado o incompleto. Las cosas, a su debido tiempo. El tiempo, a corresponder con la importancia de cada cosa. Cada cosa, a valorar en su tiempo. La paciencia es la madre de la ciencia. Pero tenerla no significa 'aceptar cualquier actitud al respecto del tiempo de espera o dedicación'.
ResponderEliminarDe tu artículo me quedo con
ResponderEliminarestas tres observaciones , para mí esenciales:
Contra la prisa, la previsión.
Contra la espera, la paciencia.
Contra el desespero, la comprensión.
Vivimos en la época de las prisas, lo efímero, el contrareloj es lo que se lleva.
Personalmente , me disgusta que me hagan perder “mi” tiempo en esperas injustificadas.
Lo considero casi como una falta de respeto o tomadura de pelo.
Somos dueños de nuestro tiempo.
Si lo queremos dedicar al “dolce fer niente”, es cosa nuestra.
Por cierto, opción también muy saludable de tanto en tanto.
Montse Casas
¡maravillosa reflexión!
EliminarSiempre genial !!!
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