Ayer murió mi pájaro. Periquito azul de 5 años. Juguetón y con carácter. Tastador de menús caseros. Crítico ruidoso ante la tele y fervoroso amigo del móvil. Nos conocía a todos de casa y creo que nos entendía. Sin ser manso, accedía a nuestros mimos y encajaba bien mis regañinas.
Fue un regalo de mis nietos para asociarse a mi viejo afecto por esos pájaros. Deriva de mi infancia, cuando tuve una bonita Pitita verde, que emparejé con un bonito macho azul y criaron descendencia que repartí entre amigos.
A Plumitas le gustaba casi más estar fuera de su jaula que en su interior. Se acostumbró pronto a salir, merodear por la cocina y entrar a su refugio -nunca encierro- por cualquiera de sus dos puertas. Su casa, donde, además de sentirse seguro, se convertía a menudo en un jolgorio juguetón, tanto dentro como en su terraza exterior. Y nos divertía a nosotros.
Sí, tenía sus juguetillos colgantes, sus amiguetes pacíficos y muy parados. Y picoteaba con fruición a un par de personajillos que se resistían a sus tanteos, pero no parecía molestarles. Le encantaba salpicarse de agua y ensuciarse en cualquier parte, debía parecerle su particular prueba de libertad de expresión.
Glotón natural de mijo, degustador de todo tipo de platos y copartícipe de las raciones familiares, tenía especial predilección por la lechuga, no muy verde y lavadita, sin hacerle ascos al suave aliño de la ensalada. Rechazaba la fruta y las galletas y le encantaba el pan. Sobre todo si se lo daba desde mis labios.
En sus paseos exteriores, largos y extensos, sobre el piso o la mesa de la cocina, más frecuentes que sus vuelos, rastreaba y, si le gustaba, engullía microscópicos alimentos, más a gusto que los cereales enmelados en esos palos de comer que se cuelgan del techo de las gavias pajariles.
Se nos hizo viejo. En su último tiempo, le costaba subir desde el suelo y buscaba la zapatilla de sus gigantes amigos para subirse y dejarse elevar hasta la puerta de su casa. Dentro, usaba la escalerilla de madera interior para ascender a los palos de descaso y duermevela, tras la visita al comedero.
Y se nos ha ido en silencio, tras días de no piar y mostrar el vencimiento de la debilidad corporal y, quiero creer, el cansancio de vivir. Hasta siempre Plumitas.
Joaquín Ramos López - 2 junio 2024
Hay animalitos que son mejor que algunas “ personas”. Por lo que cuentas Plumitas era uno más de la familia.Ira al cielo de los pájaros.
ResponderEliminarMuy bonito, Joaquín. Me recordó a mi canario Cardenio, de la época de estudiante
ResponderEliminarAdiós Plumitas han sido 5 años de felicidad por mi parte, ya que siempre he tenido miedo a los animales pequeños y grandes, pero Plumi lo comprendió enseguida y me ayudó a perderlo. En cuanto salía de la jaula se venía a mi lado a no dejar de molestarme sobretodo si yo estaba con el móvil. Así es como perdí el miedo. Siempre te recordaré con cariño.
ResponderEliminarTodos hemos tenido pajaritos que nos han causado dolor cuando han escapado o fallecido.grscias por acordarte de mi
ResponderEliminarRecuerdo el día en que llegó a casa de la mano de V y L, como regalo para el yayo... Plumillas, Plumitas... ¿será niño? ¿será niña? Al final, en el día a día, se quedó en "Plumi". Ha sido una alegría, una distracción, una nota de color para los oídos; ha sido compañía, cariño y dulzura, aunque también 'dureza': la de la protección natural ante lo desconocido (al principio de todas las cosas, como es lógico). Luego, ha sido manso, caprichosoy afectivo. Lo más importante, sin embargo, es que Plumi ha sido un más entre nosotros, y como tal, le echaremos (mucho) de menos; mucho. Vuela alto, Plumi, descansa en paz y en compañía de Richy y Blinky, que ya te estaban esperando allá en vuestro cielo. Y gracias por estos años a nuestro lado.
ResponderEliminarQue bonita y tierna descripción de “Plumitas”, tu lindo canario azul.
ResponderEliminarCon este escrito va tu agradecimento por los buenos momentos y compañía que te ha regalado mientras lo has disfrutado.
Por un momento y salvando las distancias, me ha hecho pensar en el burrito “Platero” de Juan Ramón y gran amigo de los niños.
Adios “Plumitas”,a donde quiera que vayas, te reunirás con otros animalitos tan queridos como tú y que han dejado su vacio .
Montse Casas
Que pena Joaquín,la verdad que era muy juguetón y cuando le davas de comer era increible.
ResponderEliminaraún abrazo
“El canto de los pájaros es una sinfonía que nos levanta el ánimo”
ResponderEliminarQué bonitos recuerdos nos quedan cuando pasan por nuestras vidas.
Arminda
Acostumbran a ser "uno más" !!!
ResponderEliminarSiempre están !!!
Y siempre de quedan ....!!!