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Pero ¿dónde están esos tres millones?



Con excesiva frecuencia me martillea las sienes esta dichosa preguntita. No puedo explicarme -creo que como mucha gente que se lo cuestiona- el porqué tenemos en España tan altísima cifra de desempleados. 


La primera duda que tengo es cómo saber si tantos desempleados son todos los que son, que presumiblemente debiera ser así y si lo son todos los que están. Y me explicaré más porque no deseo confundir a nadie.


Tomo por correcta la condición de desempleado que contempla el SEPE, personas registradas sin empleo que pueden percibir una prestación o subsidio entre tanto no pasen a estar ocupadas. 


Es decir, son personas oficialmente desocupadas o, dicho comúnmente, en situación de paro laboral. Todo ello acreditado y con sus plazos y sus formalidades.


Considero también en situación de paro a aquellas personas que buscan empleo, por su cuenta o con la ayuda (?) del Servicio Público de Empleo de su Comunidad Autónoma y que han agotado o no acreditan derecho a la percepción de subsidio o prestación. 


Estimo como “falsos” desocupados perceptores de la prestación, a todas aquellas personas en edad y condiciones para trabajar que desarrollan una actividad laboral furtiva, no registrada, obviamente retribuida, al margen de la contratación laboral regulada por la ley.


Y, por último, estarían fuera de cómputo las personas laboralmente activas, no registradas en los Servicios Públicos de Empleo, no perceptores de ayuda pública económica por eso -que sí por otras carencias- y que tienen ingresos opacos.


Llegado aquí, debo decir que creo incierto que sean tres los millones (redondeo por altibajos) de desocupados que la estadística oficial española viene sosteniendo en la actualidad. 


Y lo digo porque el movimiento que aprecio a diario de gentes que transitan a y desde sus puntos de ocupación, la circulación urbana, los desplazamientos de fin de semana, la asistencia a espectáculos,  los aeropuertos y estaciones abarrotados en puentes y festividades, me provocan demasiadas veces la retorcida pregunta del título. 


Toda esa actividad supone una generación económica que normalmente no admite gratuidades. Todo cuesta algo, todo se paga y sólo se puede hacer si hay ingresos ciertos. Lo poco convincente es que se pueda sostener un determinado nivel económico disfrazando las entradas y presumiendo de las salidas.


Si Ud. consulta, la entiende y se cree la última “Encuesta de población activa” publicada, sin duda es un ilustrado envidiable. Si además está interesado en computar y comparar cifras de afiliados a la Seguridad Social, empleados en situación de ERTE y ERE, funcionariado y toda suerte de estadísticas elaboradas por el INE al efecto y a eso añade las personas que no están en edad de trabajar, por debajo o por encima, más las inhabilitadas, le auguro que no le cuadrarán las cifras de cuántos somos todos.


Y podrá preguntarse ¿qué estamos haciendo mal desde casi siempre en España con la responsabilidad laboral? ¿Cómo puede reconocerse tengamos aún más del 13% de tasa de paro y no encontrar trabajadores para cubrir 100.000 y más puestos de trabajo ofertados? ¿Por qué nos mantenemos siempre a la cola del desempleo doblando la media europea? 



Pues se me ocurre que tal lastre se comprende por el fallo sucesivo de legisladores, gobernantes y supervisores de todos los colores que van saltando de pavonearse de las bajadas a excusar las subidas de cifras, sin conseguir nunca centrarnos y mantenernos en el cacareado ser y hacer de los países de nuestro entorno. 


Creo y me atrevo a decir también que buena parte de una sociedad conformista y gratificada tampoco ayuda a romper ese maleficio, esa humillante condición que nos cataloga lastimosamente. 


Pese a poder ser negado, hay trabajo disponible y somos buenos trabajadores, pero nos empobrece la falta de disposición necesaria en muchos casos para romper y cambiar.  Para asumir compromisos que supongan renuncias nobles. Para expulsar a vividores que falsean su pertenencia y faltan al compromiso debido con una sociedad de ciudadanos integrada y solidaria.





Comentarios

  1. Qué buen análisis. Confieso que no estoy entre los privilegiados que entienden las cifras oficiales, a pesar de que lo números son mi fuerte.

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  2. Cierto Joaquín. Esos datos desde hace años no se sostienen desde el punto de vista de la lógica más elemental.
    Con esos datos la inestabilidad social, sería más que patente.
    Existe esa teórica cifra de "parados" y en cambio quedan más de 100.000 puestos de trabajo sin cubrir. A lo mejor algún día habrá que empezar a pensar sobre la idoneidad del sistema de subvenciones que no estimulan el acceder a esos puestos de trabajo.
    Un abrazo

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  3. Es un sentir común, que en ciertos “círculos“ predomina la tendencia a cobrar una prestación del Estado, y por otro lado complementar dicha prestación con ingresos en B.
    En España, llevamos décadas sin fomentar una correcta educación de cara a nuestras obligaciones laborales y se ha precipitado una corriente sin freno que tiende a trabajar lo mínimo posible para cobrar lo máximo posible.
    Dicho sea de paso, el Gobierno actual, ayuda sin duda a que cada vez dependamos más de él, con todo lo que eso conlleva.
    La „cosa“ no pinta bien, desde luego.
    Arminda

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  4. Gracias.Tampoco entiendo como tú.la plenitud de gente en terrazas,etc.etc.Tienes toda la razon

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  5. Felicidades, gran årticulo otra vez

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    Respuestas
    1. Aparte de no dominar la interpretación de las cifras oficiales de desempleo, creo que existen ciertos signos que nos inducen a pensar que el mercado laboral no funciona correctamente:
      Siempre ha existido un sector importante de la población que ha preferido trabajar "en negro", sin tener en cuenta que, en el momento de su jubilación, tampoco tendrá derecho a sus beneficios.
      La evasión de impuestos ha sido, es y será un problema para este país. Todavía existe la convicción que defraudar al Estado es un acto, si no correcto, aceptable para todas las clases sociales.
      Cuántas personas no aceptan un trabajo legal remunerado, porqué les sale más a cuenta cobrar hasta agotar las prestaciones de paro y trabajar "en la sombra", superando el salario que obtendrían si lo aceptaran ?
      Está preparado el sector de la enseñanza para dirigir los actuales estudiantes hacia el futuro laboral en el que se verán inmersos cuando concluyan sus estudios, o los estamos preparando para lograr un título que únicamente servirá para colgar la orla enmarcada en el comedor de su casa ?
      Por último y, creo que más importante; es ético ofrecer a los trabajadores sueldos que no les permitan satisfacer sus más elementales necesidades de alimentación y vivienda, cuando parte importante de las empresas contratantes son multinacionales con cotizaciones en impuestos inferiores a los de sus asalariados ?.
      Todo esto, son comentarios que se me ocurren leyendo tu cabal escrito, pero seguro que hay muchos, más acertados.
      Un abrazo.

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  6. No es necesario trabajar más; es imprescindible trabajar bien. No hay que hacer más horas que un reloj; hay que aprovechar al máximo el tiempo. No debemos disfrazar nuestra capacidad con el tiempo que ocupamos en llevar a cabo nuestra tarea. A eso se le llama educación profesional, pero sobre todo 'inteligencia laboral': porque ¿de verdad prefiero estar 8 horas si puedo estar 6, trabajando bien y sacando el trabajo, para irme a disfrutar de mi tiempo con quién y cómo yo quiera? ¿En serio creo que es mejor quejarme que buscar la solución a mi situación laboral o de parado? ¿Concibo que alguien me pague el gimnasio para subirme el ánimo porque no tengo trabajo (o no lo busco), mientras sé que me lo paga otro que ocupa sus horas en su trabajo, y parte de su sueldo va a mí, para mi ocio, cuándo puedo practicar deporte al aire libre y por mi cuenta, sin coste del prójimo?
    El trabajo dignifica y las personas también dignifican el trabajo, así como existen los que nos perjudican a trabajo y personas por igual, con sus actitudes y decisiones.

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