No me quiero referir a las ilusiones imaginadas, a propósito o por un juego extraño de los sentidos, que se nos muestran engañando la realidad de un objeto, un animal o un propósito. O a un ensueño.
Sino a sentirse ilusionado. Sobre todo si se trata de una esperanza probable pero no asegurada, que puede significar el impulso más recomendable tanto para la víctima de un infortunio como para quien puso en el mérito la razón de su deseo. Y, sin duda, a saberse satisfecho de merecer el reconocimiento del premio.
Con ocasión de mi último cumpleaños, mis nietos me obsequiaron con un precioso periquito. Ellos quisieron compartir el momento de una ilusión practicada en mi infancia bastantes décadas antes y me hicieron muy feliz. Hoy, “plumitas” distrae buenos ratos de mis días.
Ilusionarse es en sí mismo un sentimiento positivo. Promover ilusiones, practicarlas y beneficiarse de alcanzar una aspirada meta, no pueden referirse a otra cosa que a hacer feliz la existencia humana.
Es también la emoción que se tiene por conseguir algo. Incluso por volver o recrear alguna vivencia agradable de otro tiempo.
Debemos reconocer que a menudo tropezamos con inconvenientes, dificultades u obstáculos para conseguir un deseo, o que dependemos de decisiones o actuaciones de otras personas que se interponen en nuestra voluntad.
Incluso a medida que hemos conseguido libertades sociales y participamos de decisiones colectivas regladas, debemos asumir los resultados que, a nuestro criterio, nos parecen negativos o impropios de su razón o conveniencia. Solemos decir que hay que recuperar la ilusión perdida.
Nos desilusionamos con frecuencia ante una incompatibilidad de pareceres que impiden sacar adelante un proyecto que ocupa a un colectivo determinado, cuando intereses de otro tipo poco recomendables limitan o castran los verdaderos y además nos son impuestos. Y todo porque falta ecuanimidad y sobra despotismo.
Pero decía que la ilusión es positiva, siempre lo ha de ser y también realista, pese a las dificultades o la tardanza en alcanzarse. Y en creerlo, desearlo y proponérselo están la vía y la meta.
La ilusión cabe en cualesquiera de las edades del ser humano. La ilusión resultará normalmente impronta en la infancia, impulsiva en la pubertad, contundente en la mayoría de edad y decidida en la madurez. Y su constante, la credibilidad de poseerla.
Tendremos ilusiones sencillas, emotivas, resolutivas, autónomas, casuales, imprevistas, salvadoras. Todas nos alegrarán la vida. Todas podrán ser premiadas y si no lo son, seguirán siendo una esperanza; un deseo que no puede admitir una derrota.
Desde la ilusión de ganar un encuentro deportivo, como participante o sencillamente como aficionado; la oportunidad de hacer ese idílico viaje; la consolidación de la unión de pareja; la emoción ilusionada de superar un examen importante; o conseguir esa deseada promoción profesional… o cobrar un premio de la Lotería Nacional. ¿Por qué no?
Propóngase, estimado lector, una ilusión potencialmente alcanzable y haga lo posible por verla cumplida. Los expertos en neurociencia incluyen las ilusiones en las prácticas de favorecer la estima y salud del intelecto. Por mi parte, tengo previsto cumplir una muy pronto: dentro de unas semanas ¡voy a subir en globo!
Quizás le guste oír esta canción: https://www.youtube.com/watch?v=ouAHF3F9iX4
Qué ilusión siento al leer tu artículo, sobre todo porque me anima a tener fe en ilusiones que he ido perdiendo con el paso del tiempo.
ResponderEliminar"Hago esto porque 'toca'" creo que es la frase que mayor tristeza me provoca al oírla.
ResponderEliminarTodo debería hacerse porque ¡hace ilusión!
Ya sé que a veces las personas no estamos en las condiciones óptimas para hacer o decir algo, pero quizá valga la pena plantearse el porqué de hacer o decir, y sobre todo, a quién afecta o en quién repercute.
La ilusión debería ser el motivo por el cuál moverse, hablar, hacer o quedarse a un lado. Es lo que le da sentido a todo, es lo que aporta valor añadido, es la fuente del valor, de la mirada tierna y la sonrisa sincera. La ilusión tiene que mover el dedo, la mano o el brazo que hace posible un clic, un ajuste un abrazo. La ilusión lo es todo y hasta puede convertirse en magia. GRACIAS por ilusionarnos con tu texto.
Gracias Joaquin, realmente que importante es tener una ilusión, que bien que nos haces reflexionar en ello, es una meta a corto o a largo plazo, es un motivo para vivir plenamente buscando llegar a ella. Un abrazo desde Mexico !
ResponderEliminarTener ilusiones es estar vivo. Que sería la vida sin ilusiones? No sería vida. Nuestras ilusiones van cambiando a medida que nuestra vida transcurre, todas nos alegrarán la vida si se consiguen y también si no se consiguen y hemos hecho por conseguirlas. Que mayor ilusión para tus nietos que la ilusión de su abuelo al recibir su regalo esta vez un periquito. En estas pequeñas cosas está la felicidad.
ResponderEliminarMuy bueba reflexión una semana más,felicidades
ResponderEliminarCreo que la ilusión, en general, es el motor de nuestra vida. Está presente en nuestro quehacer diario, pudiendo clasificarla entre la que persigue la consecución de grandes proyectos de futuro, familiares, laborales o de índole personal; y la de menor calado, como puede ser el destino de unas vacaciones, la asistencia a un concierto, el reencuentro con una amistad, etc.
ResponderEliminarDe lo que no existe duda, es de la necesidad de contar con una ilusión, aunque la vida, a veces, nos la niegue por motivo de enfermedad, frustración, o fracaso. En este caso, debemos luchar para encontrarla nuevamente. Es el aliciente que necesitamos para seguir vivos.
No se puede perder la ilusión por pequeña que sea, siempre será el motor de la vida
ResponderEliminarMuy buen artículo, especialmente me ha hecho ilusión la mención de plumitas!
ResponderEliminarEstaba en ello y se me ha cortado. Puedo decir que soy una persona muy afortunada, porque sigo ilusionandome por pequeñas y grandes cosas. Ahora mismo he conectado con unas personas con las que tenemos en común la poesía, la música, los testimonios de quines han escrito libros, en fin, un universo del que estoy disfrutando en muchos aspectos. Yo puedo colaborar con mis versos y al mismo tiempo aprender de sus talentos. El destino siempre me ha tratado con mimo.
ResponderEliminarEncontrar unos vecinos como vosotros, no lo dudo, fue otra señal "de arriba".