Lo que quedará escrito en este papel, que agradezco ya queráis leer, incluidos los recursos a citas innominadas por evidente origen y las reflexiones propias del autor, podrían suponer poca o ninguna razón desconocida para el común de los avispados lectores que ilusiono convocar.
Sí, porque referirme y tratar de sacar algún provecho al comentar el malhadado sino de nuestro sentido común, corre el riesgo de zaherir algún criterio, docto y cultivado, al uso positivo de oficiar de buen juicio o de administrar el conocimiento humano, al juzgar sus propios hechos de forma razonable y sagaz.
Aclaro, pues, que para evitar confusas intenciones y desarrollar esta inquietud a que me tiene preso el sentimiento, he elegido a un camarada, que no compinche, que estimo por simple ocurrencia y con el cual de tiempo tengo convenida una íntima amistad, tanta que lo he convertido en un clon imaginario de mí mismo.
Mi otro yo me acompaña en mis cabales de hace tiempo. Creo recordar que platicábamos desde la corta edad del juicio. Normalmente, él es muy callado, habla poco, quizás susurra algo, y es muy respetuoso, pues me interrumpe apenas; a veces le pido, algo acalorado, que me responda. Y de unos pocos meses a esta parte, nuestras conversaciones -sí, de acuerdo, mis monólogos- las soporta diariamente, con paciencia encomiable frente a mi pesadez.
El caso es que, a diario, camino unos pocos kilómetros por vocación de sentirme bien físicamente y, además actualmente, defenderme del sedentarismo extra al que me tiene castigado una maldita circunstancia sanitaria colectiva y, entonces, recurro a palabra sorda y comento a mi otro yo lo que vengo en discurrir.
Voy
paseando, ligero pero pendiente de mis circunstancias, abro mi imaginación a la experiencia de los sentidos, bien guardados
en la memoria o a lo que aprecio a mi alrededor como nueva visión de ese momento
y “llamo” a mi camarada para advertirle de mi pensamiento e iniciar alguna
larga cuestión como ¿No crees, buen compañero de
conciencia que es mucha verdad el decir de tantos que el sentido común es el
menos común de los sentidos?
Porque ¿no te parece que mucha gente actúa de forma reñida con la sensatez exigida para con el hacer de lo más normal de las relaciones humanas? ¿que esas conductas que nos parecen impropias de seres racionales, deberían tener caminos naturales de corrección? ¿que a la maravilla irrepetible de nuestra inteligencia cerebral le falta capacidad de instruir una orden irrefutable que impidiera al hombre sabio incurrir en errores de albedrío?
Mi amigo interior se rebela conmigo y me inquieta: ¿qué dices, que sugieres, no sabes que la mayor dicha del ser humano es sentirse libre y poder optar a lo que le apetezca? ¿no conoces bien que no existe religión ni postulado universal que haya conseguido doblegar las voluntades íntimas de cada cual? ¿no te parece imposible que reglas, leyes, martirios y prisiones no hayan impedido desgracias propias, personales o comunales, que han roto y vuelto a romper la natural convivencia humana y terrenal?
Tiene razón él, claro, baste tomar para muestra un grupo social significativo. No es preciso hacerlo a nivel mundial, ni siquiera racial, tampoco cultural antiguo o actual, o continental. Y tampoco sería ilustrativo ceñirlo a tamaño menor, de familia, comunidad local, laboral, educativa, o de población pequeña, que también, pero hacerlo a escala de país mediano o grande, quizás es bastante.
Elijo ese escenario, hago acopio mental de estructuras sociales tipo, repaso cuestiones diferenciales obvias como el origen, genético y geográfico, localización, formación, colectivo social, relaciones laborales, círculos de amistad, núcleos culturales y deportivos, promoción y protección generales públicas y otras que me dejo pero seguro que quedarán subsumidas en esas genéricas. Y comento con mi amigo del alma; bueno, de conciencia, pues mejor es dejar tranquilo al espíritu que ya seríamos tres a opinar y podría suponer alguna incomodidad y subvertir mi propósito, esto:
Fíjate, querido, si tomamos un tema cualesquiera; caso bélico acaecido, situación desastrosa conocida, circunstancia fatal ocurrida, problema común, conducta pública y social, actitud ante obligaciones comunitarias, solidaridad humana, ecología, ciencia-religión, formación, cultura, y otras, todas las imaginables y que se dan, o se han ido dando, en la vida de la especie humana, y vamos poniendo en dos columnas “bien-mal” sus resultados empíricos ¿qué crees tú que saldría? Seguramente un despropósito y no quiero ser agorero, ni malintencionado, ni desprecio la condición humana -su conducta- de la que me siento parte, pero aún así creo que saldríamos, como especie, muy mal parados. Porque ¿podría haberse evitado todo aquello que no ha funcionado -y no funciona- al gusto general si las decisiones que se adoptaron hubieran tenido tiempo, ocasión, reflexión, prudencia, equidad, etc. suficientes previamente? ¿Tenemos conciencia sana de saberlo y no evitarlo?
Ya sé, te preguntarás antes de responder ¿qué es eso de gusto general?, ¿el de todos? inviable, ¿la mayoría afectada? improbable, ¿los mandamases? interesados, ¿los subordinados? satisfechos y disgustados a partes iguales, ¿los críticos y juzgadores? con división de opiniones. Y todos ellos envueltos en su capa de virtudes, con alguna mancha de vicio. Y ninguno atrevido a ponderar y consensuar el resultado en interés de la colectividad. O sea, sin sentido común.
Que no te inquiere tu amigo interior, te guiará aún sentido común que tranquilizara tu espíritu.
ResponderEliminarÁnimo y sigue,lo leo y me parece una idea estupenda hermano.
ResponderEliminarGracias, en primer lugar, por ser mi primer interlocutor gráfico; me hace mucha ilusión tener tan pronto la primera contestación a mis reflexiones "públicas". Y, por supuesto, quedo a pie juntillas esperanzado en esa tranquilidad anunciada.
ResponderEliminarMucho ánimo Joaquín y muchas gracias por compartir tus reflexiones. Por favor continúa haciendolo. Una gran idea.
ResponderEliminarDe todos los tiempos el futbol ha sido la droga del pueblo. Aunque estemos hablando de la nueva normalidad, es y seguirá siendo la única y misma “normalidad”
ResponderEliminarEstoy contigo en todo lo que expones.
ResponderEliminarLa recomentación de prudencia es esencial, tanto por lo que se refiere a criticar a diestro y siniestro, cuando se está viendo la misma magen en tantos países, como extremar las medidas de prevención recomendadas por los que entienden más que nosotros de pandemias.
Me has hecho recordar el libro "El español, y los 7 pecados Capitales". En seguida entendemos de todo y nos atrevemos a criticar. Pero podemos hacerlo??? No, usemos la prudencia al emitir juicios, como muy bien sugiere tu Rincón de expresión.
Esto nos llevará por un mejor camino.
Gracias y hasta el pr´ximo capítulo.
Anna Espaulella