Pasión por la vida, pasión por las personas, pasión por el deporte….apasionarse por algo o alguien, causa o personaje. Tener pasión supone desear fervientemente alcanzar la máxima sensación de satisfacción en el disfrute personal de un logro propio o conseguido con el concurso de otros.
Los sociólogos estudian, incluso algunos se dedican con fruición, cifran y concluyen dictámenes sobre el grado de satisfacción que la población de un determinado colectivo, geográfico normalmente, consigue en comparación con otros asimilados. Es más, siguen su evolución, actualizada periódicamente.
Asistiendo a una sugerente ponencia, supe qué factores y parámetros de lo más común de las actitudes humanas, fruto de sensaciones realistas y generalizadas de las gentes, se entrelazan con funciones, reacciones, disfrutes y penalidades cuantificables.
Para mí, observador escéptico y lego en tamaño intríngulis cuántico, significaba ser atrayente conocer cómo se llega a saber, o poder decir, que un país es más feliz, o está por delante de otro, en la media, o por debajo, en el ranking de la satisfacción por la vida.
Me convencieron, no obstante, los factores esgrimidos, no sin sorpresa por la gran cantidad de ellos tenidos en cuenta, a modo de compulsa, desde la propia composición de las tablas derivadas de las estadísticas y la antropología de la realidad humana observada.
Y me anoté dos conclusiones prácticas de tales estudios, relacionadas con el paso del tiempo y relativas al cómo se nos considera a los españoles, en tanto felices y satisfechos; una de cal, otra de arena.
Por supuesto, entendí que era una valoración puntual y no ajena al devenir de acontecimientos singulares del país, sus circunstancias globales entorpecedoras del acontecer normalizado en el tiempo e incluso sujetas al cedazo de su posible gratuidad.
Por un lado, muy positivo, España ocupa, en datos seriados anuales, un lugar prominente en la liga de países con población “empíricamente” más feliz.
Por otro, en la actualidad, ese bonito nivel de satisfacción está por debajo, significativamente, del que teníamos en las décadas 60 y 70 del pasado siglo, evaluado con igualdad de elementos.
Aquí es cuando podríamos preguntarnos ¿que no estamos haciendo bien? Si pudiendo tenerlo demostrado, hemos perdido brío en busca de la felicidad colectiva. ¿Qué valores o conductas respecto de poder sentirnos mejor con o qué hacemos, estamos abandonando?
¿Hemos preferido la acepción gramatical del vocablo PASIÓN, la del padecimiento, por una positiva como el entusiasmo? ¿Es deseable el arrebato por las calamidades combatibles, que la devoción por superarnos individual o colectivamente?
Es sin duda una contradicción, la defensa de ser más modernos, progresistas, digitales, ociosos, libres y desinhibidos sociales, y reconocer que somos menos felices y estamos menos satisfechos de la vida, viendo solo las dificultades para superarla.
Pues pongamos una PASIÓN en la nuestra. Propongámonos una querencia nueva que, no exenta del propio esfuerzo y mucho de confianza en nosotros mismos, pueda llegar a apasionarnos.
Gastémonos buena parte de la honestidad de vivir en conciencia positiva. De desear lo que naturalmente podemos conseguir, no lo que sea, sino lo que nos resitúe mejor y nos incremente mucho nuestra felicidad. Recuperemos y ascendamos en esa liga de los mejores: ¡Campeones!
y escucha esto: https://youtu.be/_qBpcloExbk?feature=shared
Pues si toca apasionarse y ser siempre positivo para afrontar la cosas de la vida
ResponderEliminar¿Qué es la vida sin pasión? ¿Qué es el día a día sin algo o alguien con apasionarte o por lo que apasionarte? Siempre que esté a tu alcance (los objetivos realizables son causa de satisfacción y no de frustración), hay que buscar algo que merezca la pena vivir desde la pasión, de ahí la importancia de conocer mínimamente (o con mayor detalle) el desgaste, la inversión, la implicación y el resultado (hablo siempre en términos emocionales) de manera previa... Pero sin ese (pequeño o controlado) riesgo, tampoco vale la pena. Pasión es poner color y ¡qué bonita es la paleta de colores de la vida!
ResponderEliminarLos japoneses tienen un término para expresar esta idea de la búsqueda de la felicidad del vivir en el día a día.Se llama “Ikigai”.
ResponderEliminarParece ser que cada persona tiene el suyo propio y que según esta filosofía, está llamado a desarrollarlo para ser feliz y conseguir su mejor versión en un sentido ámplio.
El método hace énfasis en cuatro pilares: la pasión, la misión, la profesión elegida y la propia vocación.
La suma e interrelación de estos cuatro elementos te proporcionarán tu propio IKIGAI .
Personalmente, no lo he puesto en práctica, al menos conscientemente, pero no me parece un camino tan desacertado para cultivar el arte del vivir con ilusión.
Montse Casas
Creo necesario que cada individuo posea la necesidad de apasionarse en la consecución de unos objetivos personales basados en temas, tanto de índole profesional, como intelectual o espiritual, etc., ya que esto forma parte de las cualidades humanas.
ResponderEliminarQue el logro de estos objetivos le ofrezca una compensación de gozo interno, asimilable a una sensación de felicidad, y que esto pueda evaluarse dentro del conjunto de un país, ya es otro asunto. Es posible que nuestra tierra sea un vergel de felicidad en comparación a otros países, y que nuestro máximo exponente se viera reflejado en décadas pasadas, pero no es de extrañar que actualmente haya descendido, debido a los cambios constantes de orientación en temas tan elementales como ciencia, trabajo, creencias, costumbres, política, etc.
De todas maneras, me uno a ti, para que no decaiga el grado de pasión que debemos observar y ampliar, a fin de que la vida tenga sentido.
Abrazos, Joaquín.
Joaquín ,precioso e interesante tu escrito de hoy.Paquita
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