Se encuentran a menudo en el mismo bar, desde hace mucho tiempo. Les gusta sentarse al fondo, frente por frente, en dos hileras, entre mesas pequeñas unidas en número según los que acuden a la cita. La camarera, que es también patrona junto a su hombre, que rige la barra, los acomoda cerca de la cocina y los aseos, en un espacio tranquilo, lejos de las charlas de otros clientes del local. Se conocen bien, no en balde han compartido años profesionales que, por su extensión, han derivado en una amistad de calidad, de la buena. El grupo es de un perfil variopinto, hay de todo, hombres y mujeres, bien formados e instruidos y de moral muy solvente. Esta gente sabe de lo que habla y suele opinar con conocimiento de causa, difícilmente yerran en sus reflexiones, agudas, crudas o felices, siempre aderezadas de respeto y objetividad. No ahorran alabanzas o críticas y muestran precisa consideración si conviene. Su historia personal y su currículo profesional está apelmazado de experiencias...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.