Ir al contenido principal

“nada es verdad ni es mentira…



…todo es según el color del cristal con que se mira” completa la cuarteta del célebre verso que forma parte del poema “Las dos linternas” de la famosa obra poética Las Doloras, de Don Ramón de Campoamor, prolífico escritor del realismo español del siglo XIX.


Sirva esa referencia únicamente para darme entrada a ponderar si la verdad y la mentira caben hoy día, más que entonces, en frases de sentido distinto y propósito igual, cuando la intención y el tiempo tienden a confundir la razón.


Digo yo que muchas veces se oye decir, o se lee en algún medio, un mensaje o intención que sorprende al hábito de entender a la primera. Los publicistas saben mucho al respecto y juegan con ello.


En tal circunstancia, la reacción puede ser desentenderse; tratar de entenderlo y facturar la conclusión al cajón de la memoria o a la papelera destructora; o bien ejercer la crítica que se crea merecer el trampantojo.


Afirmaciones y negaciones varias admiten valores diferentes según el punto de vista del intérprete. Es obvio que un interés económico enfrentado podrá generar un resultado opuesto entre dos individuos.


Esa -su- valoración siempre estará justificada para cada parte, sencillamente porque a cada cual le mueve un objetivo diferente en una causa igual. Entonces cabe decir que una verdad no excluye a una mentira en una misma situación.


Nuestro insigne autor literario del XIX, además de filósofo, senador político y académico de la Real, pasaba por parecer algo derrotista y trataba de llamar la atención sobre conductas sociales interesadas que, según fuese, creaban inconveniencias irresolubles.


Tampoco ahora mismo la verdad y la mentira, de las cosas y de las gentes, andan muy ordenadas. Es más, actualmente aquella estima moral de decir lo cierto y negar lo contrario, lejos de corregirse se ha encallado socialmente. Las menos de antes son corrientes ahora. 


A menudo, el cristal con que miramos hechos y conductas es transparente para el ojo izquierdo y opaco para el derecho, cuando la coherencia de lo lógico, equitativo o moral, debiera ser uniforme.


Pero no se trata de una maldición, ni siempre son ganas de fastidiar al prójimo y quedarme yo con la más guapa. Admito que se puede tener una diferente impresión, o convencimiento, de algo y, sin embargo, saber y creer que suponen conclusiones contrapuestas.


En política se dan las pruebas más evidentes de cómo se explica lo inexplicable y se vende la mentira con la piel de una verdad. Y se promete lo imposible y se bendice su mal resultado. Sencillamente -e impunemente- porque es lo que toca y conviene en ese momento. ¡No pasa nada, infeliz votante, te pagamos con lo tuyo!


Resulta inaudito, asimismo, comprobar como una resolución judicial a luces y leyes todas, que solo puede tener una lectura y un veredicto único, promueve implicaciones distintas según sujetos o inclinaciones de conveniencias ajenas a la justicia.


No puede comprenderse tampoco -o sí- como si el ferrocarril se ha parado por falta de energía, la electricidad es escasa por reducción de combustible y el gas productor lo han cortado los rusos, son causas lógicas de origen no deseado y que impiden descarbonizar, aunque el incremento del CO2 sea malo para el cambio climático. ¿Y la guerra? También. Si, pero no , porque se defienden así de la amenaza expansionista de los otros.


Con un “En este mundo traidor…empezaba la cuarteta protagonista.

Comentarios

  1. Comprendo, hasta cierto punto, que la interpretación de un solo hecho pueda tener explicaciones contrapuestas dependiendo del punto de vista de sus protagonistas, los cuales se aferrarán a sus razones. En este caso, siempre existirá algún observador imparcial que dé la razón a un u otro contendiente, amparado en la razón o la justicia.
    Lo incomprensible es la cantidad de mentiras - que han sido bautizadas por los medios como "fake news"-, que nos brindan impunemente, tanto emisoras radiofónicas como periódicos de ámbito estatal, sin ningún control, envenenando la convivencia de los ciudadanos en su desconocida campaña para favorecer a unos partidos o intereses que nos ocultan.
    Todos tenemos pruebas de estos hechos y de sus consecuencias, pero lamentablemente se siguen repitiendo a todos los niveles, habiéndose convertido en un modelo operativo mundial.

    ResponderEliminar
  2. Extraordinario como siempre .muchas gracias

    ResponderEliminar
  3. Será que vivimos en un mundo parelo y nada es lo Q parece?, feliz día y felicidades

    ResponderEliminar
  4. El punto de vista, el prisma con el que lo mires, el objetivo que hay detrás... Todo ello condiciona, pero ¿de verdad es necesario mentir? Para gustos, colores. Opiniones, todas. Y contrarias o, si más no, discrepancias. Pero si se busca, hay siempre un punto objetivo, un hecho; luego ya lo adornaremos según, pero siempre hay una realidad.
    Tal vez nos falte hacer también autocrítica: ¿porqué nos lo creemos todo o lo discutimos todo según de quién venga, sin razonar, sin pensar, sin cuestionarnos algo más que quién nos lo dice? La capacidad para oír, escuchar, analizar, valorar, razonar, argumentar, comentar, opinar, discrepar, discutir... es de cada cual, y llevada a una conversación con alguien con puntos de vista distintos, puede ser muy enriquecedora, y no tiene porqué provocar un cambio de opinión; pero ello convierte a dos verdades o dos mentiras, precisamente en algo más próximo, porque si las contrastas, ya no serán absolutas.

    ResponderEliminar
  5. Joaquín ,como siempre te felicito por este escrito tan real, es verdad que hoy día nunca sabemos si lo que cuentan es verdad o dudas de ello.
    Un saludo Paquita

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Gracias por dejar tu comentario

Entradas populares de este blog

Por unas dosis de templanza

De vez en cuando, sobre todo cuando soy testigo de una escena o evento donde la compostura cívica está alterada, me viene a la memoria el recurso fácil de la cultura cristiana respecto de las virtudes.   Todas, cardinales , ya enunciadas por Platón y posteriormente adoptadas por el cristianismo y otras religiones, cuando de tratar sobre la moral se ocupan, y teologales , esa medicina espiritual para el alivio de la vida terrenal con sus contrariedades, merecen tenerse muy en consideración.   Y de esas otras siete más, las capitales, cuya práctica presupone corregir a sus homónimos “pecados”, que tanto envilecen las conductas desordenadas de los hombres.   De esas catorce maravillas disponibles para un ejercicio moral deseable -y hay algunas más- debiéramos todos, creyentes religiosos o respetables agnósticos, gente de bien o arrepentidos de actos impropios, sentirnos obligarnos a ejercitarlas.   Fue a principios de este verano, durante un encuentro de nuestro primer ...

El resurgir del uniforme

Tenemos al uniforme como una vestimenta, un traje peculiar , dice nuestra Academia de la Lengua. Y se describe -a mi me gusta más- en Wikipedia, como un conjunto estandarizado de ropa .  Ambas fuentes, a su modo, coinciden en su uso y destino de individuos, digamos, colegiados , pertenecientes a una misma profesión o clase. El origen de los uniformes es ancestral, de tradición remota, de civilizaciones ya organizadas que precisaban hacerse distinguir en la batalla con los ejércitos enemigos. A los niños, la mayoría, de siempre, la vestimenta militar ha supuesto un atractivo especial. ¿Quién no ha tenido, o deseado tener, su pequeña colección de soldaditos de plomo? ¿Quién no ha jugado en la calle a desfilar? Las visitas al museo; las jornadas de puertas abiertas de cuarteles militares, policiales y de bomberos; la presencia en las paradas y desfiles, han sido a menudo eventos de señalada asistencia familiar, con la influencia de los vistosos e imponentes uniformes y su despliegue. ...

Costumbres

Bonito vocablo, potente, emotivo, legítimo, recurrente y de remate. Y, como no, ambivalente, o sea, humanístico.   Algo que se califique así engrandece al tiempo, estimado en todos sus momentos. Una opción para resolver, para justificar y para comprender. Una referencia para culminar una voluntad alejada de argumentos subjetivos enfrentados. Un poder disuasorio. La Costumbre tiene -merece, si se me permite- nombre “propio”. Porque no hay una costumbre que no se corresponda con “algo” que le otorga primacía verbal sobre el común destino de su recurso. Tiene un valor permanente, no se agota ni se sustituye; puede obviarse y hasta no considerarse, pero queda ahí para el siguiente episodio. O no conviene ahora, pero mantiene su importancia.   Para el Derecho es “fuente” de interpretación y, en ocasiones, de aplicación, cuando la ley, el reglamento, la norma escrita, no tienen o pueden dar respuesta asimilable por la ausencia formalizada de las relaciones discutibles. Y faculta la ...