Acabamos de dejar atrás un tiempo de disfraces. Esperaba yo un Carnaval algo más lucido y sin embargo parece que este año se haya reducido al mundo infantil escolar, siempre bienvenido en calles y colegios, alguna muy puntual crónica televisiva y un par de chirigotas gaditanas vía WhatsApp. O yo he estado fuera de juego. El caso es que la ocasión festivalera tradicional me da pluma para referirme a otro tipo de disfraz que está en boga para quedarse, que me temo perdure y hasta se multiplique: el de las palabras “disfrazadas”. En este tiempo de nuestro entorno vienen apareciendo al uso diario palabras viejas con sentidos nuevos. Vocablos ciertos de expresión y disfrazados de aplicación, que vienen a actualizarnos coloquialmente en diversidad de temas que nos trascienden. Elijo para empezar “políticamente correcto”. Se aplica como definición del lenguaje destinado a no ofender a determinados grupos sociales. O sea, se pretende tapar expresiones naturales de condición, situación y consti...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.