Comprendo que me meto en un charco y no llevo botas de agua. Sé que solo citar la palabra moralidad se abre el apetito de la curiosidad; salta el sensor amarillo. No puede haber, creo, expresión más determinante para enjuiciar actitudes y conductas humanas, respecto del individuo y de su especie. La moralidad es una manifestación, un juicio de valor referido a una conducta. Es derivación de la palabra moral, que viene a resumir al conjunto de costumbres de una sociedad y, específicamente, en una época y lugar determinados. Es la opinión aceptada en ese ámbito respecto del bien o mal hacer de las personas. Por tanto, pueden darse moralidades buenas y malas y hasta amoralidades. De tal forma que se puede hablar de un acto moral, inmoral o amoral. E incluso los mismos hechos o conductas en situaciones análogas, pueden considerarse antagónicos en función de la cultura, doctrina o entronque social y local de que se trate. Si nos centramos en nuestro entorno antropológico, en la moralidad ...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.