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Mostrando entradas de noviembre, 2024

Prisa, espera y desespero

Algunas experiencias de estos últimos días me llevan a formar esta especie de pack lingüístico con el que construiré el artículo que sigue. Con el trataré de conciliar necesidades y sus manifestaciones, derivadas de algunas circunstancias habituales. Parece generalmente aceptado que la prisa es mala consejera , aunque nos olvidemos con frecuencia de esa suerte de aforismo y ahora mismo sea conducta ordinaria entre nosotros. Por otro lado, la espera , esa paciente -o no tanto- disposición social necesaria para acceder a los servicios más comunes que compartimos los humanos, cada vez se configura como una incómoda dependencia . Ambas situaciones se suelen emparentar a menudo con el desespero . Ese disgusto que sentimos por las sensaciones, previas y/o posteriores que supone resultarnos de una arbitrariedad. Debo decir, que tales sucesos tienen su potencial remedio y cuentan con el apoyo de algunas menores virtudes. A la prisa se le puede combatir con la previsión .   A la espera, ...

Solidaridad civil versus Indignidad política

¿Para qué tanta respetada comprensión, ¿Para qué tanta confianza depositada? ¿Para qué tanta presunción estimada? ¿Para quién la perra gorda? Viene a mi recuerdo en estos tristes días, las múltiples veces y a los lugares remotos, y hasta recónditos, donde nuestros profesionales de la seguridad y rescate, vienen acudiendo de siempre a la primera llamada de auxilio salvador. Allá donde nuestra sensibilidad tradicional para con las desgracias humanas, los españoles llevan su genética humanidad; allí donde la vida y las cosas de comer de sus semejantes están en peligro por indefensión ante los empates de la naturaleza, de acá acuden los nuestros. Qué estupendos y ejemplares nuestros compatriotas, con sus equipos materiales, sus perros, sus dotaciones profesionales y su desinterés personal.   Qué magnífica demostración de solidaridad, qué muestra silenciosa de caridad, qué dignidad de pabellón nacional en pechos y hombreras. Cuántas gracias merecidas.   Y hete aquí que en propia ca...