Con la identidad personal resuelta por los nombres propios, el ser racional necesitaba recurrir a su cuerpo, ya adecentado con cuidados y protegido de inclemencias, para marcar sus diferencias corporales respecto de los animales. La evolución ha determinado vestirse a los humanos desde las primeras pieles de los cazadores recolectores hasta los emperifollados más actuales. Y de los hábitos y costumbres, ropas de trabajo, ocio, deporte y fiesta, o disfraces para la ocasión, hemos llegado al escaparatismo corporal. Recuerdo que ya en las primeras obras del séptimo arte solían cruzarse, tras los primeros planos urbanos, unos personajes llamados hombre-anuncio que, por algún dinero, proponían productos novedosos e incluso leer cierta prensa. Esa vieja vivencia me lleva a plantearme si, por puro mimetismo, jóvenes -y no tan jóvenes- estarán tratando de dar a conocer algo de su personalidad, vistiendo ropas “personalizadas” con leyendas jocosas, culturales y hasta publicitarias. ¿Y a s...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.