Querido lector: el siguiente relato hace mi número veinte de los publicados, por ello rindo homenaje a la caridad de mis seguidores. Mentiras, falsedades y medias verdades desde siempre han sido recursos de actos y comportamientos irregulares de mayor o menor entidad, a menudo de consecuencias lamentables más allá del cumplimiento excusado o comprometido por tal o cual razón pretendida. Lejos de tratar de corregir tales vicios, los seres humanos tienden cada vez más a restarles la importancia del repudio y adoptarlos como acciones argumentadas a cambio de males “mayores”, burdas justificaciones del no hacer o de admitirlas como pecados “veniales” necesarios para seguir adelante. No es extraño entonces ser testigos de como comunicadores sociales, parlamentarios políticos, contrincantes empresariales e ideólogos de todo tipo, acuden a la dialéctica de la mentira. Inclusive la común sociedad humana no rehuye acusar o defenderse con su práctica. Me produce disgusto conocer tal...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.