Algo ha cambiado en mi barrio esta primera semana de agosto. He bajado a la calle, a la hora aproximada de otros días, y he notado más tranquilidad, menos movimiento que antes del último fin de semana. Como si la tímida reentrada del mes pasado en la normalidad suspendida hace casi año y medio, hubiese reculado. Me acerco a la panadería de mi costumbre y tiene el exterior cerrado. Opto por dirigirme a la franquicia instalada más próxima y puedo, menos mal, conformarme ad hoc con un pseudo-croissant. De regreso, paso por la Ferretería donde pretendo adquirir una bombilla para sustituir la que tengo fundida hace dos días. ¡Oh, sorpresa!, aún está sin abrir el establecimiento; hay un cartelito pegado en medio de la persiana primorosamente grafiteada, reza: La contracción y repliegue ocasionado por la pandemia de nuestras malicias ha propiciado que la gente, hastiada de encierro y deseosa de volver al ancho mundo geográfico, haya decidido tomarse unos días de entretenimiento y relax...
Este es mi pequeño rincón de expresión con el que pretendo dar rienda suelta a mi necesidad de explicar aquello que pienso y siento acerca de temas genéricos y, sobre todo, humanísticos, simplemente por el hecho de escribir y expresarme.